Hace ya 15 años que el Noroñas, con la bajura que lo caracteriza, esparció la especie de que Felipe Calderón era alcohólico. (¿Y qué?, alcohólicos conocidos han sido grandes científicos, políticos y artistas). De allí para adelante, nadie necesitó pruebas para decir que el expresidente es briago.

Ahora, Anabel Hernández, en la misma escuela que el Noroñas, ha esparcido la especie de que Claudia Sheinbaum es mariguana. (¿Y qué?, mariguanos consuetudinarios han sido grandes científicos, políticos y artistas). De aquí en adelante nadie necesitará pruebas para decir que la presidente de México es pacheca.

Esas son las naturales consecuencias del odio y la polarización a la que tanto contribuyó el Poeta del Insulto, que ahora vive en La Chingada.