Dudoso e Inexplicable
Por una razón inexplicable, se le sigue llamando riqueza inexplicable a la que acumulan los políticos por medio de la corrupción. La decencia es una flor rara en el invernadero de la política, pero ahora, que quieren hacer creer que son diferentes, hasta tienen un discurso que dice que los corruptos no tienen lugar en sus filas.
Eso me recuerda aquella vieja anécdota de Eugenio Félix Osuna, mejor conocido como el Tecua, por muchos años chofer de la pipa que regaba las calles de Vícam.
Dice la leyenda que, habiendo pasado por el burdel de Bácum, el Tecua invitó a una de las muchachas al baile del 31 de diciembre en Vícam. Al llegar, Camilo Cuevas, el encargado de cuidar el orden, le impidió la entrada y llamó a don Tomás Jara para que le explicara por qué no podían entrar.
“Es que aquí, Eugenio –le dijo mientras miraba de arriba abajo a la muchacha–, no se admiten personas de dudosa reputación”.
“¿Dudosa reputación?” –preguntó el Tecua indignado. “No, mi Tomahawk. Esta no es de dudosa reputación. Es puta, y todo mundo lo sabe. Las que son de dudosa reputación son las que están allá adentro”.
Pues sí, los que están allá adentro.