¡EL DISCRETO ENCANTO DE LA BURGUESÍA!
Gabriel Zaíd (Nicaragua: el enigma de las elecciones, en De los libros al poder, 2011), recuerda cómo casi desde el principio la corrupción y el abuso cundieron entre los comandantes sandinistas, y pone un ejemplo: “A Daniel Ortega y Rosario Murillo les gustó la casa del millonario Jaime Morales, y se quedaron hasta con los muebles y la ropa”.
La corrupción de la clase política no conoce fronteras ni geográficas, ni ideológicas ni de clase. Todos se sienten arrastrados por ese “discreto encanto de la burguesía” del que hablaba Luis Buñuel en su cómica-satírica película sobre la burguesía.
Por más que se digan diferentes, cuando están “en la cima del pinche poder” (como dijera uno de sus próceres, el veracruzano Fidel Herrera) recuerdan que “merecen abundancia” (como dijera Javier Duarte, otro de ellos, también veracruzano) y que ha llegado la hora de que les haga justicia la revolución, la modernidad o la transformación…