¿LA DIGNIDAD O LA PENURIA?


Alejandro Valenzuela

Tenía la esperanza de que en el mitin de Tijuana (sábado 8 de junio del 2019) el Presidente Andrés Manuel López Obrador le volteara la tortilla a Donald Trump y le dijera lo que dice el poeta cubano Carlos Puebla: “No somos intransigentes ni nos negamos a hablar, pero aceptan nuestros puntos o no hay nada qué tratar”.

Tenía la esperanza de que México no aceptara la humillante misión de ser Tercer País Seguro, es decir, dicho en lenguaje llano, ser el patio trasero de los Estados Unidos, ahora sí de manera oficial.

Hubiera preferido que el gobierno de México anunciara en Tijuana que nuestro país tomaría las siguientes medidas:

  1. Que se impondrán aranceles a las importaciones de allá y que los montos estarán en función de la situación estratégica de cada bien en términos regionales, elasticidad de la demanda e importancia comercial.
  2. Que no se aceptará el estatus de Tercer País Seguro.
  3. Que no impediremos el tránsito ordenado de personas de Centroamérica a los Estados Unidos.
  4. Que México solicitará verificación de nacionalidad mexicana para admitir personas retornadas a México desde los Estados Unidos.
  5. Que suspenderemos la lucha antidrogas y que los Estados Unidos, si quieren (y lo pueden hacer) sellen sus fronteras a las drogas. Eso implica poner en sustento los acuerdos al respecto y las comisiones respectivas.
  6. Que México sellará sus fronteras al tráfico de armas.
  7. Que los demás tratados (aguas internacionales, fitosanitarios, intercambio cultural, epidemiológicos…) se podrán suspender según la evolución de los acontecimientos.

Hubiera preferido los aranceles, aunque los sufriéramos ambos pueblos; hubiera preferido la carestía, el estancamiento económico y mayor pobreza porque, no lo dude usted, ceder nos llevará a una permanente exigencia de los Estados Unidos en todos los órdenes.

Con ese acuerdo nos hemos alejado de la Verdadera Independencia. Ahora tendremos que cargar con la humillación de habernos doblado ante la infinita imbecilidad emocional de Trump, su escaso espíritu como persona, como ser humano. ¿Ahora quién nos respetará en el mundo y cómo incluso nos respetaremos nosotros mismos?