Los náufragos de San Blás y el tanque de gas


Los náufragos de San Blás y el tanque de gas

Cuando un barco atunero encontró a tres náufragos cerca de las islas Marshall, a ocho mil kilómetros del muelle de San Blas, el 9 de agosto de 2006, la noticia le dio la vuelta al mundo (con razón, porque ni Marco Polo ni Fernando de Magallanes ni Cristóbal Colón hicieron un recorrido de esa magnitud) y dio a la prensa mexicana la esperanza de dar un poco de esplendor a los aburridos noticiarios matutinos. Todos los grandes de la televisión mexicana se fueron a Nayarit a tratar de entrevistar a Jesús Vidaña y a Lucio Rendón (el tercero, Salvador Ordoñez, se fue a su natal Oaxaca en cuanto tocó tierras mexicanas). Pero había un problema: los muchachos eran de pocas palabras. Las largas y elaboradas preguntas encontraban, para desesperación de los entrevistadores, solamente frases cortísimas, como “no, pues sí”, “muy feo”, “miedo”, “mucha hambre”, “pescado crudo” … Carlos Loret de Mola hizo uso de una pregunta clásica, pero que solamente se había hecho a filósofos y letrados en general. A muchos de esos sabios les han preguntado que, si el destino los llevara a una isla solitaria, ¿qué se llevarían con ellos? Los instruidos han respondido que la Biblia, El Quijote, Los Miserables, La Divina Comedia y la Colección impresa del Vícam Switch. Pero Loret de Mola se aventuró. Si ustedes hubieran sabido que iban a pasar casi diez meses en el mar, solos en una lancha, ¿qué se hubieran llevado? Los pescadores se miran entre sí, y Jesús Vidaña dice, después de pensarlo un poco: “No, pues yo me hubiera llevado la estufa”. Carlos Loret empieza a bailotear los ojos sin atinar a fijarlos en un punto, se tapa la boca con una mano cubriéndose hasta la nariz, respira hondo, y ya con desconsuelo, pregunta: “¿Y tú?” Lucio Rendón dice sin vacilar: “Pues yo, el tanque de gas”.