El respetable y el arbitraje


El respetable y el arbitraje

Imagínese usted un partido de futbol en el que juega la selección de Francia contra las Chureas de Vícam. El equipo de Francia viene de arrasar en el Mundial de Futbol, después de muchos torneos perdidos. En el estadio están los partidarios del equipo francés, que son el 53% de la afición, los cronistas deportivos y en el campo, además de los equipos, los árbitros. Empieza el juego y el árbitro le marca una falta al equipo dominante. El capitán del equipo se encabrona y grita que es “una vil venganza”. El público ruge de la emoción y pide la destitución del árbitro. Lo exigen en nombre de todo el estadio porque ellos creen que toda la afición está con ellos. Si alguien osa decir que sin el árbitro el juego va a la deriva y lo único que se ocasionará será que el equipo dominante (el de Francia) agarre a patadas a las heroicas Chureas de Vícam, será sometido a toda clase de insultos como traidor, antifutbolero, vendido… El árbitro, temeroso de la avalancha de insultos, sale a decirle a la tribuna (cosa inusual) que la patada que el francés le dio en el hocico a uno de las Chureas fue son querer, además de que se lo dio despacito… Ganan los de Francia y el público enloquecido, pide que de allí en adelante los árbitros, los cronistas y hasta los directivos sean elegidos por una consulta popular porque ya están hartos de la mafia del futbol.