El Camión del CETA (hoy CBTA) 26


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EL CAMION DEL CETA 26

Por Alejandro Valenzuela

En 1974 el CETA 26 (hay CBTA 26) se fue a huelga estudiantil convocada por el Comité de Lucha Ideológica (Pablo Plascencia, Bardomiano Galindo, Octavio Montiel, Beto Mendoza, Pancho Jara, el Pollo Moreno, entre otros) con la intención de tumbar al director, José Camilo Reyes Pérez, por un supuesto fraude descubierto, también supuestamente, por Pablo Plascencia. Finalizada la huelga, ellos eran los líderes naturales de la escuela… pero llegó René (el Serra) Vidaurrázaga y convocó a algunos estudiantes para formar el Consejo Estudiantil. Los convocados fuimos: Eusebio (el Chevo) Valdez, Rosario (el Chayo) Zavala, Armando López Urbalejo, Roberto Acedo, Jacinto López y Lourdes Córdova (estos tres originarios de Arivechi), Jorge Vargas, Arturo Olguín, José Luis Villalobos, el Murakami, y yo (que en ese tiempo todavía me decían el Búho). No recuerdo si había algún otro allí. El Consejo Estudiantil fue un órgano de representación formal integrado por representantes de grupo. Una vez conformado el Consejo, el Serra se obsesionó con la idea de conseguir un camión para los viajes de prácticas. Nos volvimos expertos en perseguir a Luis Echeverría, el Presidente de la República. En una ocasión fuimos al Carrizo, Sinaloa, y allí los demás le servimos de guaruras al Serra para que se pudiera acercar al presidente. En esa ocasión llevábamos a Gilberto (el Caballo) Reyna ya que supusimos que su enorme tamaño impresionaría a los guardias de Echeverría. No se impresionaron. Lo que sí hicieron (aprovechando que en aquellos tiempos no se andaban por las ramas ni con que los derechos humanos) fue darnos una generosa cantidad de chingadazos. Estábamos todos maltrechos, sacudiéndonos el polvo y limpiándonos la sangre derramada, cuando vimos al Serra muy sonriente asomándose por la ventanilla del autobús presidencial. Iba sentado al lado del mandatario consiguiendo que una comisión fuera trasladada a la Ciudad de México a ver lo del camión. Esa mañana nos habíamos entrevistado con un funcionario que montó en cólera porque el Serra le dijo que íbamos a exigirle a  Echeverría lo del camión. Casi tocándonos la nariz con la punta del dedo, nos dijo que al señor presidente no se le exigía, que se le suplicaba. Cuando René se bajó del autobús con el mandatario, nos reunimos con ellos y el jefe de la nación le gritó al funcionario que casi nos saca los ojos: “Castañeda, me atiende a estos muchachos, pero ya”. Sí, señor presidente, a sus órdenes señor presidente, decía el abyecto burócrata.

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Regresamos a Vícam para ver quiénes iban a acompañar al Serrano a México. La decisión iba a ser democrática, pero se atravezó la cruel realidad: unos no podían ir porque no tenían zapatos, otros porque no tenían ropa y no faltó allí el que no consiguió el persmiso en su casa. Por fin “seleccionamos” el Chevo Valdez y al Urbalejo. Cuando la comisión entró a Los Pinos volteando para todos lados, sin saber qué hacer o a dónde ir, pero con la suerte de su lado, entre el tumulto se oyó la estentórea voz de Echeverría llamando al Chevolín, que se acababa de rapar la cabeza: “Hey, Pelón, vengan para acá”. El presidente los atendió como ellos se merecían, les dio de comer (cosa que últimamente habían hecho con muy poca frecuencia) y los hospedó en un hotel del centro para que esperaran que concluyeran los trámites. Se pasaban los días en larguísimas antesalas en las oficinas de los burócratas que atenderían el asunto y la estancia se prolongó por casi dos meses. La nostalgia (un sentimiento muy común en aquellos tiempos por la inexistencia de las video-llamadas y del WhatsApp) hizo estragos y un mediodía el Urbalejo soltó el llanto cuando en la fonda le sirvieron unos chiles rellenos porque se había acordado de los que hacía su santa madrecita. Entre moco y suspiro terminó de comer y se fue a la central camionera… Después de muchas gestiones, por fin consiguieron el camión. René Vidaurrázaga y el Chevo Valdez llegaron a Vícam una tarde de agosto del 1976 en el camión que habían conseguido. Fueron recibidos como héroes por los estudiantes, el camión fue estacionado en la cancha de basquetbol, hubo una ceremonia, se dijeron discursos y desde entonces empezaron los viajes de estudio más divertidos que recordemos los de esa primera generación.