Homenaje a la Niña de Azucar


Sergio Sarmiento publica hoy en Reforma un homenaje a Nadia Vera, la activista asesinada en la Colonia Narvarte de la Ciudad de México. Lo reproducimos aquí por la emotividad del homenaje y porque compartimos lo que dice Sarmiento (“¿Qué sería de este mundo sin jóvenes rebeldes”?).

“No te vayas de mí niña de azúcar.”
Mirtha Luz Pérez Robledo
Nadia Vera

Era una joven rebelde. Nació en Chiapas. Estudió en la Universidad Veracruzana. Participó en la Asamblea Estudiantil de Xalapa y en #YoSoy132. El 20 de noviembre de 2012, en las manifestaciones de protesta por el resultado de la elección presidencial, fue golpeada por la policía. ¿Qué sería el mundo sin jóvenes rebeldes?

Nadia Dominique Vera Pérez era la joven que, cuando vivía en Veracruz, entabló una amistad con Rubén Espinosa, el reportero gráfico que escapó del estado por temor ante amenazas que recibió. Es la chica indómita que grabó un video en noviembre de 2014 en que hacía responsable al gobernador Javier Duarte de Veracruz de cualquier cosa que pudiera ocurrirle.

Es la mujer que a los 32 seguía siendo una rebelde en política y una enamorada de la cultura. Es una de las cinco víctimas -cuatro mujeres y Espinosa- asesinadas en un apartamento de la colonia Narvarte de la Ciudad de México el pasado 31 de julio.

Su madre, Mirtha Luz Pérez Robledo, es poeta. En 2011 publicó una poesía llamada “Balada para una niña citadina”. La dedicatoria no deja lugar a dudas sobre el amor que esta madre le tenía a su pequeña: “A Nadia Dominique, la mujer… que soy”:

“Se están volviendo margaritas los huesos de la niña

“Que se consume como una lámpara olvidada”

El lenguaje de la “Balada” es sencillo y poderoso. No es cursi ni presuntuoso. Sorprende por su calidad y por su premonición. Parece un canto fúnebre adelantado a una chica que vivía con plenitud y alegría:

“No te vayas de mí niña de azúcar
“A deshacerte entre la piel del llanto
“No te vayas de mí pájara libre
“Hacia el páramo frío de la ausencia.”

Todos lo sabemos. No hay muerte más difícil de sobrellevar que la de un hijo. Es muy difícil imaginar esta ausencia, la pesadilla hecha realidad que en este caso tuvo el agravio adicional de haber ocurrido con una violencia inusitada:

“No te vayas de mí niña de azúcar
“A plantar margaritas en tus huesos
“No me dejes sin tus ojos
“Ciega
“No me dejes sin tu voz
“Silente
“No me dejes sin tu luz
“A oscuras
“No me dejes sin tu piel
“Desnuda
“No me dejes sin ti
“Niña de azúcar.”

No, Nadia no era, no es, no puede ser una estadística. Su vida merece respeto y también su rebeldía. Ninguna de las 19 mil víctimas o más de homicidio doloso que nuestro país sufre cada año merece convertirse en una simple cifra. Cada una es un ser humano con una vida particular e ilusiones personales.

Niña de azúcar, no te conocí personalmente pero lo he hecho a través de un poema de tu madre. Encuentro en las palabras de quien tanto te quiso un atisbo de tu singularidad.

Nadie puede devolverte la vida, pero la sociedad debe exigir y el Estado debe cumplir el reclamo de justicia. Justicia, sin embargo, no es culpar a quien convenga políticamente sino a quien realmente haya cometido el acto de violencia. Millones estamos en espera de los resultados de la investigación.