LA CHINGATIVA REFORMA EDUCATIVA


Escuela en mal estado 1Hice una búsqueda exhaustiva del tipo de examen que se le está aplicando a los docentes en todo el país, con excepción de Oaxaca y Guerrero, y no encontré nada. De ello concluyo que los contenidos de los exámenes no son del dominio público… o que yo no sé buscar de manera apropiada. Pregunté a algunos amigos míos que son profesores y que ya lo presentaron y me informaron que las preguntas (creo que 100) están divididas en tres bloques: conocimientos generales, conocimientos específicos (lo que se supone que deben saber para pararse delante de los alumnos) y sobre la normatividad educativa. Al parecer, cada una de esas tres partes representa un tercio de las preguntas. Un profesor me dijo que una pregunta es, por ejemplo, en que artículo, párrafo y enciso está tal o cual cosa contenida en la reforma. Aunque leí la reforma y tengo una idea de sus alcances (y sobre todo de sus limitaciones), yo con todo y mi doctorado sería incapaz de responder a preguntas de este tipo porque, por lo demás, es un saber completamente inútil.

Si el mismo estado pone una calificación frontera tal como, por ejemplo, ochenta, entonces la probabilidad de que alguien repruebe el examen es altísima, sobre todo por la discrecionalidad con la que el INEE diseña esos misteriosos exámenes que está aplicando. Una amiga mía, profesora excelente, con más de 25 años de servicio, me dijo que someterla a ella, que todo el día anda en medio de un torbellino de actividad, a cuatro horas de examen contestando preguntas mal planteadas era o inhumano o (ella es malhablada, lo cual le añade gracia a su personalidad) francamente chingativo.

Escuela en mal estado 2

Lo que sí encontré en mi búsqueda fue un video producido por El Colegio de México en el que Manuel Gil Antón, prestigiado académico especialista en temas educativos) hizo una metáfora que no tiene desperdicio. El siguiente es un fragmento. El video completo se puede ver en: https://www.youtube.com/watch?v=jH6lzKYGgNY. Dice Gil Antón:

“El tema de la reforma educativa creo que tiene que aludir varias cosas. Una es, para atenderlo como tal, la simplificación. La Reforma educativa no la entendemos si decimos “le vas a los que se quieren evaluar o a las que no se quieren evaluar”, porque no es un partido de futbol, es una cuestión muchísimo más compleja. Yo creo que una imagen o una metáfora valen más que mil palabras. Yo me imagino a un camión, a un autobús, que está muy maltratado, la palanca de velocidad amarrada con un mecate, el parabrisas estrellado, los asientos rotos, hoyos en el techo, las llantas muy mal, un motor bastante dañado, y ese camión está en un camino de terracería, cuesta arriba y lleno de baches. Un grupo de personas dicen “vamos a arreglar este asunto porque necesitamos que vaya más rápido el autobús, porque el mundo no nos va esperar”. Y paradójicamente, dicen, la solución es capacitar a los choferes. Si hacemos una analogía y decimos que el autobús es el sistema  educativo y este sistema está tan, tan, dañado con tantos problemas, y luego pensamos que la terracería son las condiciones del país (un breve paréntesis: en el informe presidencial, el Presidente Peña Nieto dijo que el 64% de las 109 mil escuela tienen problemas de mobiliario y de sanitarios; además hay una desigualdad tremenda con 50 millones de pobres, etc.)… Entonces una cosa que es paradójica  es que llamemos reforma educativa a un proceso en el cual se dice que la solución es evaluar a los choferes. Perdón, pero tendría que estar acompañado de un proyecto que se propusiera mejorar el autobús en serio y reparar la carretera. Si no, apostar a que la única causa son los profesores y que la exclusiva solución del problema es evaluarlos, conduce a una situación que no va a modificar la calidad del sistema educativo; lo que sí va a hacer es que el estado, en este caso el gobierno, recupere, no la rectoría de la educación, sino el control del magisterio”. Hasta aquí Manuel Gil Antón.

Yo nomás le agregaría a la metáfora, lo siguiente. Además de todos los males, se debe añadir que muchos choferes de camiones similares (no todos, ni siquiera la mayoría) están mal capacitados, faltan mucho a su trabajo, protestan por todo y quieren todas las ventajas. Entonces, además de la reparación del camión (quizá hasta de un camión nuevo) y de la reparación del camino (no como los gobiernos reparan las carreteras, que es el millonario negocio de la reparación, sino realmente hacerlo de concreto armado, con acotamiento y bien iluminado), sí se requiere de la evaluación de los choferes, aunque esta no puede ser igual para todos porque muchos de ellos viven en condiciones deplorables y trabajan en autobuses como el descrito por Gil Antón.