El Box en el Vícam de antier


Por Pedro Reyna, Cuestión de Enfoque
Cuestion de enfoqueSaludos amigos lectores, aquí estamos de nuevo para platicarles de cosas agradables, deseando lo mejor para todos ustedes.
Pues bien, era el final de la década de los cuarenta, cuando se trabajaba en la terminación de la carretera internacional. En esa época llego a VÍcam, la compañía constructora Azteca con muchos trabajadores, la mayoría jóvenes que hacían sus conquistas y con quienes huyeron gran cantidad de muchachas, pues estos chavos hacían furor en los bailes y, como había mucho circulante, pues se ponía muy bien el ambiente.
Fue en ese tiempo, cuando se empezaron a organizar en el Cine López las peleas de box en un improvisado ring hecho con palos de mezquite y piolas. Una de las primeras peleas que me tocó presenciar fue entre profesionales que vinieron a dar una exhibición: El Yaqui Márquez contra el Canguro Varela. Se trenzaban en un cabio de golpes, resoplando como toros en medio de un terregal (en ese tiempo el cine no tenía piso). Estos tipos eran como peso semi completo, muy buenos para ese arte. Me acuerdo que tenían las narices quebradas y las orejas chiquitas de tanto fregazo recibido.
Con el tiempo se organizaron grandes combates, como el celebrado entre Pancho Caguama Osuna contra el Mastodonte de Esperanza, evento que llenó hasta el tope el cine. Esta pelea la había estado pidiendo El Caguama desde hacía tiempo, creyendo que iba a comer pichón pues era un tipo fortísimo que cargaba los furgones con sacos de trigo, y todos lo respetaban por su fuerza, por eso toda la raza estaba con él.
Pero se encontró con un tipo que boxeaba como los mejores. Total que para el tercer round el Caguama seguía abanicando el aire y aquel con un cabeceo perfecto y con un jab de izquierda que no se lo quito nunca Pancho. Al terminar ese round el Caguama no pudo más y abandonó el ring con toda la cara roja, pero no de vergüenza sino de los guamazos recibidos.
Con la llegada de la Compañía Azteca apareció un prospecto que causaba furor en los rings de Hermosillo; se llamaba Alfredo Cota y le decían Baby Chololo. Este chavalo dio grandes peleas en la Arena López, donde ya se peleaba en un ring bien montado. Total que este cuate derrotó a la Dinastía Young de esperanza, que eran tres hermanos: Ramón, Leonardo y Beto. Ramón había peleado nada menos que con Raúl el Ratón Macías en Guadalajara, cayendo derrotado después de dar gran pelea. Ramón creyó que iba a agarrar cuichi, pero el Chololo se echó al plato a los tres chinos conquistando la simpatía de toda la raza.
El maestro herrero don Vidal Quintanilla, alias Riestra, era ferviente impulsor de este deporte en Vícam y en su taller entrenaba a los muchachos. De ese establo salieron grandes prospectos, entre ellos Rosario El Chayo Reyes Burrola, gran estilista, con un boxeo impecable, quien dio grandes batallas y seguro estoy que hubiera alcanzado muchos logros, pero murió muy joven. Hoy recordamos con agrado a este admirable esteta de la fistiana.
Peleas ya vacilonas, nomas para hacer reír al respetable, recordamos a los de los dos Chapos: el Chapo de Vayello contra el Chapo Lupe, muy conocidos de la raza, que a pesar de su corta estatura pegaban como patada de mula. Siempre que peleaban salían empatados.
También otra pelea vacilona la dieron Alfredo del Valle y el Maizón, temible grandulón de fuerte pegada. Recuerdo que Alfredo subió beodo y a fuerzas quería pelear con todo y sombrero hasta que subió Riestra al ring y lo convenció que no se podía y al quitarle el sombrero se le vino sobre la frente la abundante mata de pelo que tenía, de modo que no veía al rival, pero sí recibirá candela. Le sacaron el mole hasta que tiro los guantes y se fue a refugiar en su tequileña de tacho.
Otra pelea que no duró más que un minuto fue la de Kid Chacal (Israel Barra) contra su primo Kid Calambres, quien era peleador zurdo y con un punch extraordinario. Total que apenas empezaba la pelea cuando el Calambres le metió un zurdazo que sacó al Chacal por la tercera cuerda, quedando inconsciente buen rato.
También se daban peleas entre chiquillos y a veces se organizaban “carambolas”, o sea que se peleaban los buquis con los ojos vendados, a veces tres o cuatro peleadores, y al sonar la campana se soltaban echando fregazos al aire hasta que se atinaban y a entrarle a los guamazos entre la risión de la gente que atiborraba el cine.
Muchísimos combates más se dieron. Si los narráramos aquí, no alcanzaría el espacio. Mejor aquí la dejamos y nos vemos la próxima, Dios mediante.
¿Y usted qué opina? Es cuestión de enfoque. Gracias por leerme.