Pueblo pobre, gobierno rico


Alejandro Valenzuela

Este año, como el anterior y el que viene, los mexicanos del montón empezamos con la incertidumbre de lo que el destino nos depara en asuntos de economía familiar. Todos los mexicanos, digo, excepto dos sectores muy bien localizados: los ricos y los funcionarios públicos. Los ricos invierten (diría el liberal), explotan a los trabajadores (diría el comunista) o se meten al crimen organizado o individualizado (diría el conspiracionista), pero algún riesgo tienen que correr para hacerse de sus riquezas. Los funcionarios públicos, en cambio, sin que los podamos excluir de las actividades anteriores, aun si vivieran rectamente vivirían muy bien y sin sobresaltos, gastando a manos llenas el dinero que no es suyo y con total certidumbre de que ese dinero ya está allí nomás para ser gastado.
Según el recién aprobado (propuesto por el presidente y aprobado por los diputados y senadores) presupuesto de egresos de la federación (http://www.diputados.gob.mx/LeyesBiblio/pdf/PEF_2014.pdf), este año, el estado mexicano se gastará 4 billones 467 mil 226 millones de pesos. Si no se puede imaginar cuánto es eso, piense en lo siguiente: repártalo entre los 112 millones de mexicanos que somos y nos tocarían 3,224 pesos mensuales durante todo un año a cada uno de nosotros. (CUADRO 1)
En esa enorme suma hay gastos que son imprescindibles como el pago a los médicos del sector salud y a los profesores de la educación pública (ya sé que dirá usted que esos servicios son muy malos, pero peor es nada), la construcción de infraestructura como las carreteras (que aunque malas, por lo menos tenemos por dónde trasladarnos) y el pago a los cuerpos de seguridad y defensa como los soldados y policías (que también tienen que existir porque si no el 95 por ciento de impunidad se elevaría al 100 por ciento).
Hay también gastos que resultan una verdadera ofensa en un país con la mitad de su población sumergida en la pobreza, como los 24,260 millones de pesos que se gastarán en política (el poder legislativo y el IFE suman esa cantidad de millones) y los gastos de la oficina de la presidencia de la república: 2,200 millones de pesos destinados a gastos tales como la publicidad para hacernos creer que están haciendo las cosas bien.
Si uno compara el presupuesta del Progresa (el programa de subsidios a los más pobres) que alcanza los 3.4 mil millones de pesos con los 24.3 mil millones para sostener a los partidos, a los diputados y senadores, la desproporción parece demencial. Los políticos se gastarán siete veces más que el subsidio a los pobres.
Desde luego que hay una Cruzada contra el Hambre que busca atender las necesidades más urgentes (el del hambre) de 30 millones de mexicanos. Esa cruzada se llevará más de 30 mil millones de pesos en este año. Pero no se alegre. Si repartimos los 30 mil millones de pesos entre los 30 millones de muy pobres, le tocarían mil pesos a cada uno de los hambrientos durante todo el año. Es decir, si no hubiera burocracia, desvíos de dinero, gastos diversos en ese programa, es decir, si todo el dinero llegara realmente a los pobres, el gobierno se propone combatir el hambre de las personas con ¡2 pesos con 80 centavos diarios!
Aquí viene el contraste. Ya lo sabe la sabiduría popular: el que reparte y comparte, le toca la mayor parte. Vea usted la veracidad de esa sentencia. Cada pobre, menos de 3 pesos diarios. Los funcionarios en cambio, reciben los siguientes ingresos: presidente de la república, 254 mil 167 pesos mensuales (8,472 pesos diarios); secretarios de estado, 191 mil 667 pesos (6,389 diarios); un diputado se embolsa 150 mil pesos (5 mil al día); un senador se echa 227 mil 292 pesos (7576 cada vez que amanece) y los ministros de la corte, verdaderos ganones del reparto, 350 mil (despiertan cada día con casi 12 mil pesos en la cartera). Se debe decir que en esta danza de pesos, los ingresos más modestos son el del gobernador de Sonora, que ganaba en el 2010 nada más 80 mil pesos y el presidente municipal de Guaymas que ganaba 38 mil 697 pesos. (CUADRO 2)
Este año, los políticos llegaron a la conclusión de que el salario mínimo tenía que subir. Dadivosos que son decidieron otorgar a los trabajadores un aumento diario de 2 pesos con cincuenta centavos para que así alcanzaran los 67 pesos diarios.
El salario promedio en México es de 250 pesos al día, pero no se engañe. Ya sabe usted que si en una casa hay dos personas y un pollo, y el ave tiene la desgracia de ser ejecutada para servir de alimento, el dueño del pollo se lo come todo y el otro nomás lo mira, pero de todas maneras el consumo promedio es de medio pollo por cabeza. Así también los ingresos en México. Si dividimos la población en diez pedacitos iguales y los ordenamos según sus ingresos, de los más pobres a los más ricos, el primer grupo, los más pobres, reciben en México, el 1.1% del ingreso nacional (es decir, 1,257 pesos por persona al mes). Los ingresos del último grupo, los más ricos, será del 41.8% del ingreso (casi 48 mil pesos al mes).
En ese grupo de ricos está, además, la crema y nata de los ricos: 10 familias (usted sabe cuáles) que tienen el 10% del ingreso nacional, lo que significa que su riqueza llega a los 125 mil millones de dólares (1.56 billones de pesos). (CUADRO 3).
Así que cuando oiga a un político, de cualquier tendencia, diciendo que trabajará incansablemente por el progreso de México… véalo con suspicacia y dígale como se dice en el empobrecido campo mexicano: ¡Adió!

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