La educación en Oaxaca: una propuesta indecorosa


¿Cuánto necesitarían gastar los 10 personajes más ricos de México para poner a funcionar escuelas alternativas en Oaxaca durante 10 años para que los profesores se dediquen a gusto a manifestarse por las más diversas causas sin que el costo lo tenga que pagar la niñez de uno de los estados más pobres del país?

Como se publicó en el Vícam Switch No. 65, página 23, las 10 familias más ricas de México concentran el 10 por ciento de la riqueza nacional, es decir, algo así como 125 mil millones de dólares. Ellos son Carlos Slim (Telmex y Telcel, 74 mil millones de dólares); Germán Larrea (Grupo Minero México, 16 mil MDD), Alberto Bailleres (Minera Peñoles, 12 mil MDD), Ricardo Salinas Pliego (TV Azteca, Elektra, 8.2 mil MDD), Jerónimo Arango (Aurrerá, 4 mil MDD), Lorenzo Servitje (Bimbo, 3.5 mil MDD), Emilio Azcárraga (Televisa, 2.3 mil MDD), los herederos del finado Roberto González Barrera (Grupo Maseca y Banorte, 2 mil MDD), Roberto Hernández (fundador de Banamex, 1.2 mil MDD), Alfredo Harp Helú (Inbursa, un mil MDD).

En Oaxaca hay 800 mil infantes en edad de educación básica. Si de esa cantidad, el 10% va a escuelas privadas (van más, pero porque los ha obligado la situación), se necesitan 18 mil aulas para albergar a grupos de 40 niños por aula. El costo promedio por aula es de 250 mil pesos, lo que hace un costo total de 450 millones de pesos, más otro tanto para equipamiento. Si esas aulas son atendidas por 20 mil personas, con ingresos promedio de 10 mil pesos mensuales, se necesitan 2400 millones al año para sostenerlos, más una tercera parte de materiales consumibles. En  total, se necesitan 4 mil 100 millones de pesos en el primer año para sostenerlas. Los años sucesivos costarán 3200 millones.

En total, operar las escuelas durante 10 años (tiempo suficiente para sacar adelante a esta generación de niños), cuesta 36 mil millones de pesos (póngale usted 40 mil millones), algo así como 3500 millones de dólares.

Ese dinero, que se ve mucho a simple vista, sería menos del 3 por ciento de la riqueza de esas familias privilegiadas por la grosera concentración del ingreso en México. Como la riqueza de esas 10 familias crece como los hongos, un año podrían salvar (de sus profesores) a la niñez de Oaxaca, otro año a la de Guerrero y en un tercer año a la de Chiapas. El monto total no sería mayor al 10 por ciento de su riqueza, pero en cambio estarían dándole la probabilidad de un mejor futuro a millones de niños que lo único seguro que tienen hoy es que heredarán la pobreza de sus padres.