No doy clases porque soy fiestero


Por Alejandro Valenzuela

Conozco a un profesor de Vícam, bilingüe él, al que identificaremos como el JC. Pues resulta que este JC, sin ánimo para estar frente al grupo (quizá no se sienta preparado porque no le conozco página leída al profesor) se la lleva cabildeando con las autoridades tradicionales para lograr comisiones que lo exenten de dar clases. En eso ya lleva por lo menos unos diez años cobrando como profesor pero sin haber pisado un aula. En una de esas, encarrerado como está en la evasión de sus primigenia responsabilidad, se le pasó renovar el permiso-comisión y al cuarto día recuerda que tuvo que haber hecho el trámite, una cosa formal y rápida, por cierto, porque las mismas autoridades (unas de tantas que hay en las comunidades yaquis) van a presionar a las autoridades estatales para que otorguen el permiso sin más preguntas y éstas, las autoridades estatales, lo otorgan para evitarse problemas. Pero se le olvidó y la secretaría de educación del estado rápidamente tomó en el aire la oportunidad y le levantaron al profesor acta de abandono de empleo. En eso sucedió también que el grupo con el que andaba el mentado JC fue sustituido por otro y el pobre JC quedó un tanto en el aire. Rápidamente se trasladó a Hermosillo y (amigo mío que es) me buscó para que le ayudara a escribir una carta dirigida a los secretarios de gobierno y de educación (en realidad yo se la escribí porque, descubrí, allá en la Normal donde estuvo no había aprendido a escribir). Planteamos los prolegómenos y me dijo: “Ponle allí que no me presenté porque estaba muy ocupado dado que soy fiestero”… Mira JC, le dije, allá en las comunidades yaquis ser fiestero es una cosa grande, muy respetada, que te acarrea muchas concesiones y que implica obligaciones muy fuertes con los usos y costumbres, pero aquí en Hermosillo, van a creer que simplemente te fuiste de parranda… Entonces acordamos ponerle que siendo un miembro de su comunidad muy respetado, se la ha distinguido con obligaciones en el marco de los usos y costumbres que le han impedido hacer los trámites a tiempo para poder seguir desempeñando esas responsabilidades impuestas por la vida comunitaria.