POBRES INDIOS


Sergio Sarmiento

Reforma. Enero 16, 2013

Los gobiernos de México han gastado cientos de miles de millones de pesos a través de los años en caridad para los indígenas. Con ello no han elevado su nivel de vida, pero han generado una estructura burocrática y empleos a los amigos.

Este lunes 14 de enero el secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong, anunció la creación de una Comisión para el Diálogo con los Pueblos Indígenas. Nombró para presidirla a Jaime Martínez Veloz, quien fue legislador por el PRI y candidato por el PRD, y que cuando participó en la Comisión para la Concordia y la Pacificación (Cocopa) del Congreso se caracterizó por su respaldo al EZLN. La nueva comisión y la designación de Martínez Veloz mandan el mensaje de que el subcomandante Marcos, un criollo cuya hermana es ahora subsecretaria de Población en la Secretaría de Gobernación, es el verdadero representante de la muy diversa y dispersa población indígena de nuestro País.

La nueva Comisión de Diálogo no reemplaza, por supuesto, a la Comisión Nacional para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas (CDI) de la Sedesol, de la cual se hizo cargo hace unos días la diputada priista con licencia Nuvia Mayorga. ¿Para qué tener una sola comisión cuando se pueden tener dos? Así aumentan el gasto y los empleos para los amigos.

La población indígena recibe caridad a través de la CDI, de programas como Oportunidades y 70 y Más, de los varios subsidios que se entregan a los agricultores y de las transferencias a entidades como Chiapas y Oaxaca. A pesar de esto el porcentaje de población indígena que vive en la pobreza pasó, según el Coneval, de 75.9% (5.3 millones de personas) en 2008 a 79.3% (5.4 millones) en 2010.

Quizá el problema radica en la filosofía con la que se pretende atacar la pobreza indígena. Buena parte de la población que el Gobierno clasifica como tal vive en el campo. Cuando un indígena se muda a la ciudad se convierte en un mexicano como cualquier otro y cuando cruza la frontera Norte pasa a ser un emigrante. Las cifras oficiales dejan de considerarlo como indígena.

La mayor parte de los indígenas vive así en ejidos o comunidades donde se niegan los derechos cabales de propiedad y se rechazan las inversiones productivas en minería o industria.

La filosofía del Gobierno, heredada del régimen virreinal español y que defendieron también los conservadores del siglo XIX, es que los indígenas no tienen la inteligencia o la capacidad para tomar sus propias decisiones. Por eso no pueden tener derechos de propiedad, ya que malbaratarían sus tierras; y por eso deben recibir caridad del Gobierno, aunque ésta no haga más que acentuar su pobreza, porque no pueden ser productivos en una economía competitiva.

Lo curioso del caso es que cuando los indígenas se marchan a Estados Unidos, donde llegan sin educación y sin posesiones materiales pero dejan de ser víctimas de esta filosofía paternalista, logran con mayor frecuencia el éxito económico. Quizá por ello es tan importante para el Gobierno y los líderes indigenistas, como Marcos, evitar que se trate a los indígenas como adultos, con las mismas responsabilidades y derechos que el resto de los mexicanos. Esto les permitiría liberarse de la tutela de los conservadores paternalistas y salir de la pobreza. Pero el gran negocio para burócratas y dirigentes indigenistas es mantener a los indios en la pobreza.