El Veneno de Enero


Francisco Salomón

(Agarra Ondas)

Bemela Túi Wasuktia. Lioj Em Chaniabu. Traducido al idioma yori significa: Feliz Año Nuevo.  Y que la gracia de Dios este con ustedes. Son los deseos para este año que empieza, especialmente para familiares y amigos y para todos los lectores y lectoras que nos leen, y para los que no nos leen, p’os también. Por lo pronto vamos a ver qué tan encolumpinada nos quedó la cuesta de enero, que a  decir verdad ya no nomas en este mes de principio de año se pone  dura la cosa (bueno, mejor decimos difícil, por aquello de una albureada). Y es que a la raza taloneadora (clase mediera para abajo) ya no siente lo duro sino lo tupido con la situación económica imperante y ni pensar que se le vaya a componer el barco con unas cuantas cacharpitas que le aumentaron a los salarios  o con los cacareados programas de asistencia social que los  gobernantes en turno los usan con fines electoreros  o políticos. Ya ven el broncón que se armó con las becas se  reparten a los niños y jóvenes de esta comunidad. Según nos comentaron algunos estudiantes con los que platicamos en el plantón carretero, la lana de esas becas deberían de haberla repartido antes de Navidad, para poder sufragar algunos gastos. Para ser más claros, ese dinero en la mayoría de los humildes hogares  se iba a traducir en los tradicionales tamales de la cena navideña, y ni modo, hay que aguantar callado y seguir soportando  las negligencias de nuestra culiatornillada  burocracia además de la insensibilidad de los políticos y gobernantes. Lo bueno que los Áchalis no les dio por bloquear la carretera los días 24 y 31 porque entonces si hubieran volado pelos, pues en esos dos días  la calle principal tuvo un embotellamiento que se convirtió en un caos vial que se asemejaba a la Quinta Avenida de Nueva York (¡Que sea menos, mi Guanajua!).

Pero la neta es que sí es cierto de ese problema del embotellamiento vial se ocasiona porque a la mayoría de los conductores les  vale madre, o mejor dicho nos vale, estacionarse en doble fila o a media calle o ponerse a platicar de carro a carro, sin contar con los imbéciles que agarran las calles, principalmente las del centro, como autopistas. Y de esta bronca no hay quien diga esta boca es mía. Ni modo que no se den cuenta de este problema y otros más los ilustres miembros de la gendarmería talegona municipal. Po’s pue-que no, ya ven que son policías “lechuzos”, nomás de noche salen a tirar la zorra, a cachar elevaditos y a pegarle al chanate (el café, pues). Mejor le vamos a poner la queja  a Lucio Jiménez, comisario étnico, para que mande a las huestes del FBI autóctono (Fuerza Bruta Indígena) para que pongan orden en este asuntacho.

Y apropósito de la problemática del pueblo, como decía el recordado Indio Osuna, ex comisario de este lugar, se nos ha perdido de vista Martín García, activo regidor de nuestra comunidad. A ver si nos pasa la onda si va a rozar algo Vícam del guatón de lana que le mandaron al municipio de Guaymas con el nuevo presupuesto de egresos.

Ya que andamos por el rumbo de la perla del mar de Cortés, nos enteramos que en días pasados  se había registrado un fuerte temblor en el citado puerto, lo que pasa, es, que esos movimientos telúricos son cíclicos y se registran cada tres años  y el epicentro se localiza en el Palacio Municipal pues al finalizar  cada trienio dejan temblando las arcas municipales. Ni modo, lo que es del Cesar, al Cesar.

En la posada del Club de Los Dos, cuyo anfitrión  es nuestro amigo Rubenón Hurtado, saludamos al Mayo Barra que venía acompañando  al elenco artístico del barítono Neto Camacho, que por cierto le hace muy buena segunda el Profesor Sandoval. Será que ensayan las rolas cuando se reúnen para echarse unas  allá cada caída de casa (sí, cómo ño, a lo mejor son de harina las vocalizaciones).

Al que le echamos de menos fue a Don Bomberito, el ruquito  de la “micción imposible”. Y por aquello de una emboscada, traían un licenciado con muletas, como asesor jurídico, del cual se le olvidó el nombre a la única neurona que nos queda. Y es que un licenciado que no usa la muleta, po’s simple y sencillamente no le hace honor a su profesión. (No se me agüite, mi lic,  que es pura carrilla).  El encargado de poner ambiente con el ruido fue el Prof. Enrique Araujo, que es la vaga para rascarle a la lira, con muy buen galillo y un repertorio de rolas muy bueno y completo, sobre todo las románticas y viejitas, las oldis pues, que obraron el milagro para que Armandito Sánchez estuviera rebosante  de jubilo y alegría, al igual que el Tavito Montiel y Harvey Murillo, que en esta ocasión se miraban doblemente contentos pues venían custodiados  por su respectivas esposas, razón por la cual le abrieron machín a las espreas de la garganta, y cuál pendiente pues con la manejada de retache pa’ Cd. Obregón. Ya ven que este par de angelitos son como las “huitacoches”, que en todas la trampas caen; son la cuichi de los cuicos (perdón, ahora se llaman gendarmes) que ponen el retén etílico en Providencia.

El que estuvo en stand by con la onda de la aullada (la cantada, pues) fue Rubenón, que no nos delitó con Menudita, la rola que mejor entona. Después nos enteramos que su querido compadre, el Vaquita Gómez, lo amenazó con surtirlo de carrilla si le entraba a la cantada. A propósito de este último personaje, dice la raza que cuando el Vaca le pegaba duro al trabajo le entraba tan duro que hizo rico a su papá. En ese tiempo el hijo prodigo de don José se inició como empresario y su apá era millonario, pero le pegó tantos batazos que lo  borraron de la lista de Forbes.

Al que no lo pudieron complacer con sus melodías fue al Dr. López, pues como fiel devoto de las artes ecuestres tiene predilección por los corridos (sin agra) de carreras de jamelgos. Lástima que mi buen amigo Nefy Osuna, este indispuesto para que le hubiera cantado el famoso corrido que le compuso a su penco preferido, llamado “Rayito” porque cada vez que lo escucha llora por que esa carrera se la ganó la  “Tiófila” con la pura trompa. En esa famosa competencia se iban jugando los cueros porque de haber ganado el galeno hubiera hecho una buena chicharroniza pues la Tiófila era una cochi trompuda  y callejera del barrio de “La Escuelita” que se hizo ligera de tantas correteadas  que le daban “Los Tolomes ”queriéndola lazar.

Volviendo con la charla del Mayo, recordando a todos los descendientes de esa estirpe coincidimos  que el más carismático, campechano y de carácter afable, lo fue el buen amigo Renato Barra (†). Las actividades a que se dedicó Renato siempre estuvieron ligadas al  comercio; por mucho tiempo estuvo trayendo fayuca de con los güeros; tenía mucha habilidad para tratar a los clientes, siempre quedaban satisfechos con el trato. Nos contó el Mao que un buen día que acompañó a Renato a entregar una tele que le había encargado un señora que se le había pagado por adelaido, la doña al parecer no quedó muy conforme con el encargo porque al momento de encender el televisor le dijo: oyes, Renato, yo te la encargué a colores y este es blanco y negro. ¿Y a poco el blanco y el negro no son colores?, le contesto riéndose.

Ahora que los Mayas sacaron el rollo que el 21 de diciembre de atrás se iba a acabar el mundo, recordamos que hace mucho tiempo los Testigos de Jehová, los del Séptimo Día o los Adventistas (no recuerdo cuál de estas sectas) anduvieron  pregonando casa por casa esta misma mamadita. El problema era que le hicieras caso la primera vez  porque después no te los quitabas de encima con el mismo caset, ya ven que son más insistentes que los cobradores de Coppel. En uno de esos días que andaban haciendo su recorrido por el pueblo, visitaron por segunda vez a Doña Isidra Ramírez (la madre Isidra).

Doña Isidra, que era un pintoresco personaje del pueblo y que se distinguía por su noble corazón, su bondad y franqueza como la mujer sinaloense, su léxico estaba salpicado de madrazos y cuando se enojaba ponía como palo de gallinero al que se le pusiera enfrente. Llegaron las hermanas pregoneras de la palabra  de Jehová y doña Isidra, para variar, estaba  un poco chiva pues estaba perdiendo una manita de domino que se estaba echando con el Chaleco, mote con el que  se le conocía  a su marido de nombre Marcelino  Mendoza. Buenas Tardes, señora, dijeron las testigos de Jehová, andamos predicando con la palabra del Señor. Doña Isidra  se les quedó mirando por debajo de sus lentes y lueguito se les fue a la yugular. ¡Ah como chingan!, ya les dije que yo soy católica. Si señora, pero nosotros venimos  a advertirle que en 1960 se va a acabar el mundo. ¡Ah, está bueno!, les contestó, ¿en la mañana o en la tarde? ¡Bonita chingadera!, continuó, se va a acabar el mundo y para acabarla de chingar este cabrón me ahorcó la mula de seises. Así era esta sacrosanta señora, pero todos los madrazos  que echaba, los recompensaba con lo delicioso que preparaba los antojitos mexicanos que servían todas las noches en su prestigiada fonda. En una ocasión que fuimos a pegarle a la papa, a la hora de ordenar había que respetar los protocolos para que lo atendieran a uno, había que dar las buenas noches y esperar a que ella nos preguntara qué íbamos a cenar, y los hacia muy a su estilo: A ver, tu cabrón, le pregunto al primero de nosotros, ¿qué vas a querer?, ¿Y tú?, a ti te digo, menso. Yo quiero uno sopes. ¿De  quien  eres hijo? Yo, yo, soy del Pelón, el hijo de Toño Guachinango. Con razón, decía doña Isidra, si eres guacho, aquí se llaman gorditas, cabrón, gorditas.

Se nos ha perdido de vista el Lic. Gastón Galindo; será que no visitó el pueblo  con motivo de las fiestas de fin de año; ojalá y que ya no le hayan dado guerra la bacteria “helicobacter  pylori”  que lo tuvo convaleciente sin echarse ni una por un rato. Aparte de eso, nos comentó el licenciado que el buen funcionamiento de su aparato digestivo depende del suministro de una enzima. (Po’s cómo ño, y más si se echa encima una de 18 años; le va a quitar hasta las tarantas; es que Gastón sacó a su apá en lo enamorado; ya ven que el Jefe Bardo era la vaga para estos menesteres).

Y a propósito de los amoríos de la Galindada, un día llego mi Buen Nano a “La Primavera”, la taquería de su apá,  para darle las buenas nuevas, a él y a doña Chayo, en el sentido de que el nene se había casado y que se había salido de la universidad por que tenía que trabajar para mantener a la visionaria criatura que se había enamorado de él. Y aquí empezaron los calores pues don Bardo le pegó una enjabonada que lo puso como palo de gallinero; nomás faltó que le tirara con la chocomilera. El Nano peló gallo para Hermosillo y todavía en Los Arrieros le iban zumbando los oídos de la jiñada, cosa que no le preocupaba tanto como la suspensión  inmediata de subsidios, estipendios, incluyendo la dotación mensual de carne machaca, que le había notificado don Bardo antes  de irse. Un tiempo después regresó al pueblo y lo noté un poco desmejorado. Cuando lo saludé me dijo que estaba viviendo en San Carlos y que estaba trabajando en una obra. Con razón está más delgado, pensé para mis adentros, de seguro ha de haber estudiado arte dramático y está trabajando en alguna película o telenovela. ¿Y qué papel desempeñas o doblas algún artista?, le pregunté. No, me dijo, trabajo con mi suegro en una obra porque él es albañil y yo le ayudo subiendo cubetas de mezcla. Con razón, pensé, parecía que lo habían sacado de un a revolvedora de cemento de lo cateado que se miraba.

Jíjuela, hasta en las fiestas de fin de año se notó el piojo, aunque el gobierno con sus números alegres lo niegue- Hasta los comerciantes, que son los que manejan el termómetro de la economía, se quejaron de la falta de lana que se vio reflejada en sus ventas. El día 31, para  amanecer el día primero, solamente un rato se estuvo escuchando el relajo de la tronadera de cuetes (sin agra). En la madrugada estuvo calmada la raza; fue notorio el poco uso de  pistolas,  rifles, metralletas, mosquetones, máusers, M-1 (o M-humo, como el que tronaba el difunto Daniel Barra, que  a las puras doce  de la noche soltaba un solo fogonazo  acompañado de un chorro de humo pues ya no había balas pal citado carramplón), con excepción de un destrampado que de lo pedo o de lo ondeado que andaba se creía Rambo con su R-15; lo estuvo haciendo rugir hasta media mañana. Qué lejos quedaron aquellos refuegos que se hacían en las reuniones  familiares que se organizaban para despedir el año y que se prolongaban el día primero para curarse la cruda con el recalentado famoso. Cómo olvidar aquellos  bonitos bailes  que organizaba don Tomas Jara (†) en el Casino Vícam, en donde se reunían la mayor parte de las familias del pueblo para deleitarse escuchando y bailando al compás de las notas de acordes de grandes orquestas de la talla de Miguel Ángel Badallares o de Luis Alcaraz. De este pasaje del Vícam de ayer surge la anécdota ocurrente cuyo protagonista fue mi buen Tecua que, como él decía en su muy original modo de hablar caló,  era un bato bien chilo pues siempre andaba bien “tramiado” con sus livais de mezclilla. En una ocasión llegó al casino para asistir al baile de fin de año y traía  como acompañante a una morra buenera, pero un poco lloviznada, que venía enfundada en un escotado vestido negro bastante pochí que parecía  que se lo habían metido con talco; llevaba zapatillas de tacón alto e iba peinada con un chongo alto también de estilo marciano, como los que se usaban en aquellos tiempos, y en  su colorada buchaca (boca, pues) traía masticando un guatón de chicles con los que fácil sacaba la marcha zacatecana con sus tronidos. E  problema fue que este par de tórtolos, cuando quisieron entrar al bailongo, los atoró el policía que estaba en la puerta. Mire mi buen  Tecua, le dijo muy a la sorda el chota, esta ruca que trais no puede entrar porque a leguas se le ve que es de dudosa reputación. ¡Charros, charros, mi buen!, le contestó  bien chiva, malíciala mi ñeris, mi ruca es puta de los salones de Bácum; las que son de dudosa reputación son las que están adentro.

Bueno, o mejor dicho muy bueno, estuvo el guangeo navideño de la posada del Club Cópiz  que sin echarle mucha crema a los tacos se armé el refuego de bolón pinpón. El mariachi Río Yaqui fue el encargado de ponerle el cascabel al gato pues sus integrantes todos son hermanos de raza, de la etnia pues, y son unas chuchas cuereras para entonar sones, guapangos, corridos y las rancheras no las cantan tan mal; y las oldis como Tres Regalos, Como un Duende y otras más interpretadas en el más puro idioma caita. Oiga usted, ni en el festival Ortiz Tirado de Álamos se ve este espectáculo. Estuvo presente la plana mayor en atención  a la invitación  que hizo Eusebio (el Chevito) Valdez, uno de los horcones del medio de ese changarro. Volviendo con lo del ruido, al que le gustó machín la música fue al Neto Leyva que como buen dentista siempre tiene a la raza con la boca abierta con sus fantasiosos relatos ya que se le habían subido un poco las copas (y el azúcar, ídem) pidió prestado el mariachi para llevarle  una mini serenata a su María Elena de toda la vida con motivo de su cumpleaños. Con razón lo vimos caminando como perico en banqueta, pintando la huella con unas botas vaqueras, o mejor dicho de avicultor, pues se necesitan muchos huevos para quitárselas. Lo demás lo completó la carilla  de la raza que dicen que llegó hasta el balcón de su bien amada con un jorongo y un sombrero de charro; que se lo acomodaron  el Chota, su hijo, y el Betito Hochi, que le hacían segunda en la cantada. Total que el cotarro estuvo buenero, la botana, que consistió en un sabroso borreguco tatemado a la Fedeyina, alcanzó hasta pa llevar. Entre los asistentes que estuvieron compartiendo el ambiente, que estuvo alegre y cordial, anotamos al compañero y amigo Tavito Montiel, a Faustino Muñoz, a Mario Otón, al doctor Rigo López, los Hermanos Jaramillo (los Jara, pues, el Gualdo, el Tomy y   el Carlos), su amigo Andy y el anfitrión el Kaché Talamante que ya mero lo mandaban a la sección del teletón pues hizo acto de presencia con fanal (ojo)  apagado. Bueno  hay mucho más que contarle, pero aquí le paramos y en seco. Pa acabarla de amolar, al momento de  estar escribiendo  nos llega la triste noticia de que mi querido amigo y hermano Ariel Barra Duarte ha fallecido.  Envió mis más sentidas condolencias para Blanquita, su esposa, y sus hijos  Berenice, Iván y Abrahán, y para sus hermanos Rosa Lilia, Jesús Manuel, Israel, Miguel, Gloria, Blanca Guadalupe, Francisco y Rubén, y para sus señores padres, Israel y doña Gloria.  “Tui ‘si  Si’me Jalai. Intoj  U’u Lioj  Achai  O’ola Emac Wue’ene  numun, mecka em wuene  bicha”.  Que te vaya bien hermano. Y que Dios te acompañe en tu último peregrinar… Y adiós, Malena.