No defendemos a los estudiantes de la Ibero, defendemos su derecho a protestar por los abusos del poder


No defendemos a los estudiantes de la Ibero, defendemos su derecho a protestar por los abusos del poder
El cinismo de Enrique Peña Nieto ante la salvaje represión  de la protesta del  pueblo de Atenco, agraviado por el despojo de sus tierras, provocó la indignación de un sector de los estudiantes de la Ibero. Es cierto que hubo excesos también de los habitantes de ese pueblo, como la golpiza a policías, el uso de machetes y el cierre repetido del tránsito en la Ciudad de México, pero la violencia del estado no se quedó atrás, porque hasta un pobre perro fue golpeado por un policía ya encarrerado en el asunto de golpear. Además estuvo el escandaloso uso de la justicia como instrumento de venganza como lo demuestran las desproporcionadas sentencias a los líderes de ese movimiento, más indignante cuando vemos que en México lo que priva es la impunidad abierta. Razón, y derecho, tenían los estudiantes para protestar y enojarse ante la acusación de que fueron personas introducidas allí para reventar la presencia del candidato del PRI. Como reacción, cientos de estudiantes mostraron la credencial que los identifica como parte de esa universidad. El vocero del PRI, en cambio, no pudo dar un solo nombre de personas infiltradas. He aquí la visión de John Ackerman tomada de La Jornada del día 14 de mayo.
¡Fuera Peña Nieto!
John M. Ackerman
El viernes pasado en la Universidad Iberoamericana los derechos de Enrique Peña Nieto no fueron tocados ni con el pétalo de una rosa. El candidato pudo entrar sin problema al auditorio universitario, exponer sus ideas con calma, contestar una veintena de preguntas y todavía tomar el micrófono un momento más para aclarar su responsabilidad en el caso de la represión policiaca en San Salvador Atenco. Posteriormente salió del recinto, paseó rápidamente por la universidad y finalmente abordó su vehículo con el pulgar en alto sin que absolutamente nadie obstruyera su paso.
La valiente protesta de los estudiantes fue totalmente pacífica. Los gritos generalizados de ¡fuera!, ¡asesino! y ¡cobarde!, así como las cartulinas que señalaban a Peña como corrupto y represor fueron auténticas expresiones de repudio protegidas por el derecho constitucional a la libertad de expresión. Ningún candidato o funcionario público tiene el derecho a que le aplaudan los ciudadanos. Los ciudadanos tampoco tienen la obligación de dirigirse con respeto o buenas maneras hacia los políticos.
Algunas voces lamentan que los insultos sustituyan a los argumentos y las razones. Pero en este caso existen razones de sobra para que los jóvenes se indignen ante la presencia del candidato priísta en su casa de estudios. Es precisamente la inteligencia y el análisis crítico lo que permite a la población darse cuenta de lo que implicaría el retorno de los dinosaurios al trono. Es también la claridad y la congruencia lo que exige que nos acordemos de las mujeres violadas y los jóvenes asesinadas en el operativo policiaco en Atenco los días 3 y 4 de mayo de 2006. En todo caso, los que no tienen argumentos serían los cada vez menos jóvenes pasivos e irreflexivos que se limitan a consumir acríticamente las mentiras de las principales televisoras.
En la Ibero Peña Nieto reconoció y se enorgulleció de su responsabilidad por el operativo en Atenco: Fue una acción determinada que asumo personalmente para restablecer el orden y la paz en el legítimo derecho que tiene el Estado mexicano de hacer uso de la fuerza pública. El mismo día en la mañana, en el programa radiofónico de Carmen Aristegui, Peña también descalificó el caso presentado contra Felipe Calderón en la Corte Penal Internacional por su posible responsabilidad en la crisis humanitaria que se vive en el país.
Queda claro que la rendición de cuentas no sería un punto fuerte en un eventual gobierno del PRI. Peña daría continuidad absoluta a la política de la impunidad y encubrimiento de altos funcionarios que se ha afianzado a lo largo del sexenio actual.
El presidente del PRI, Pedro Joaquín Coldwell, ha pedido a las autoridades de la Ibero que investiguen quiénes fueron los manifestantes. Pero los reportes periodísticos y videos demuestran que los únicos acarreados en el acto en la Ibero fueron los cientos de jóvenes que llegaron a la universidad en camiones desde las ocho de la mañana cargando cartulinas impresas profesionalmente con lemas en favor del candidato del PRI. De acuerdo con las crónicas, los allegados a Peña alcanzaron a llenar casi tres cuartas partes del auditorio y dejaron fuera a la mayor parte de la comunidad universitaria que tenía interés en presenciar el acto.
Recordemos que el priísta ya había cancelado su asistencia a la Ibero en dos ocasiones anteriores. Asimismo, eligió el viernes para el encuentro actual porque es el día de menor afluencia estudiantil, ya que la mayor parte de las clases solamente se celebran de lunes a jueves. Hubo reportes de que los priístas incluso ofrecían dinero a los estudiantes a cambio de tener un buen comportamiento en el acto. Igualmente, al terminar el acto, Peña fue quien decidió salir por la puerta de atrás del auditorio y cancelar su participación en el programa de RadioIbero, aun cuando contaba con la protección de más de una veintena de escoltas.
El candidato no tuvo interés alguno en entablar un diálogo auténtico y espontáneo con los estudiantes. Quien le faltó el respeto a la comunidad y los principios universitarios no fueron los alumnos de la Ibero, sino el candidato del PRI.
En una verdadera democracia, los candidatos presidenciales deben estar en contacto constante con la población, dialogar con los ciudadanos y debatir frecuentemente con sus adversarios. Pero Peña prefiere esconderse en una burbuja mediática y comprar lealtades y complicidades.
Los priístas suelen decir que en política, todo lo que se puede comprar con dinero es barato. Ello porque al llegar al poder el enorme gasto en la campaña siempre es más que recompensado con el botín del presupuesto y el poder público. Pero en este caso los alumnos de la Ibero han dado un inspirador ejemplo de dignidad ciudadana al demostrar que algunas cosas, como la conciencia, la inteligencia y la memoria histórica, son tan valiosas que simplemente no tienen precio.
www.johnackerman.blogspot.com

IBERO MUESTRA CREDENCIAL

El cinismo de Enrique Peña Nieto ante la salvaje represión  de la protesta del  pueblo de Atenco, agraviado por el despojo de sus tierras, provocó la indignación de un sector de los estudiantes de la Ibero. Es cierto que hubo excesos también de los habitantes de ese pueblo, como la golpiza a policías, el uso de machetes y el cierre repetido del tránsito en la Ciudad de México, pero la violencia del estado no se quedó atrás, porque hasta un pobre perro fue golpeado por un policía ya encarrerado en el asunto de golpear. Además estuvo el escandaloso uso de la justicia como instrumento de venganza como lo demuestran las desproporcionadas sentencias a los líderes de ese movimiento, más indignante cuando vemos que en México lo que priva es la impunidad abierta. Razón, y derecho, tenían los estudiantes para protestar y enojarse ante la acusación de que fueron personas introducidas allí para reventar la presencia del candidato del PRI. Como reacción, cientos de estudiantes mostraron la credencial que los identifica como parte de esa universidad. El vocero del PRI, en cambio, no pudo dar un solo nombre de personas infiltradas. He aquí la visión de John Ackerman tomada de La Jornada del día 14 de mayo.


¡Fuera Peña Nieto!

John M. Ackerman

El viernes pasado en la Universidad Iberoamericana los derechos de Enrique Peña Nieto no fueron tocados ni con el pétalo de una rosa. El candidato pudo entrar sin problema al auditorio universitario, exponer sus ideas con calma, contestar una veintena de preguntas y todavía tomar el micrófono un momento más para aclarar su responsabilidad en el caso de la represión policiaca en San Salvador Atenco. Posteriormente salió del recinto, paseó rápidamente por la universidad y finalmente abordó su vehículo con el pulgar en alto sin que absolutamente nadie obstruyera su paso.

La valiente protesta de los estudiantes fue totalmente pacífica. Los gritos generalizados de ¡fuera!, ¡asesino! y ¡cobarde!, así como las cartulinas que señalaban a Peña como corrupto y represor fueron auténticas expresiones de repudio protegidas por el derecho constitucional a la libertad de expresión. Ningún candidato o funcionario público tiene el derecho a que le aplaudan los ciudadanos. Los ciudadanos tampoco tienen la obligación de dirigirse con respeto o buenas maneras hacia los políticos.

Algunas voces lamentan que los insultos sustituyan a los argumentos y las razones. Pero en este caso existen razones de sobra para que los jóvenes se indignen ante la presencia del candidato priísta en su casa de estudios. Es precisamente la inteligencia y el análisis crítico lo que permite a la población darse cuenta de lo que implicaría el retorno de los dinosaurios al trono. Es también la claridad y la congruencia lo que exige que nos acordemos de las mujeres violadas y los jóvenes asesinadas en el operativo policiaco en Atenco los días 3 y 4 de mayo de 2006. En todo caso, los que no tienen argumentos serían los cada vez menos jóvenes pasivos e irreflexivos que se limitan a consumir acríticamente las mentiras de las principales televisoras.

En la Ibero Peña Nieto reconoció y se enorgulleció de su responsabilidad por el operativo en Atenco: Fue una acción determinada que asumo personalmente para restablecer el orden y la paz en el legítimo derecho que tiene el Estado mexicano de hacer uso de la fuerza pública. El mismo día en la mañana, en el programa radiofónico de Carmen Aristegui, Peña también descalificó el caso presentado contra Felipe Calderón en la Corte Penal Internacional por su posible responsabilidad en la crisis humanitaria que se vive en el país.

Queda claro que la rendición de cuentas no sería un punto fuerte en un eventual gobierno del PRI. Peña daría continuidad absoluta a la política de la impunidad y encubrimiento de altos funcionarios que se ha afianzado a lo largo del sexenio actual.

El presidente del PRI, Pedro Joaquín Coldwell, ha pedido a las autoridades de la Ibero que investiguen quiénes fueron los manifestantes. Pero los reportes periodísticos y videos demuestran que los únicos acarreados en el acto en la Ibero fueron los cientos de jóvenes que llegaron a la universidad en camiones desde las ocho de la mañana cargando cartulinas impresas profesionalmente con lemas en favor del candidato del PRI. De acuerdo con las crónicas, los allegados a Peña alcanzaron a llenar casi tres cuartas partes del auditorio y dejaron fuera a la mayor parte de la comunidad universitaria que tenía interés en presenciar el acto.

Recordemos que el priísta ya había cancelado su asistencia a la Ibero en dos ocasiones anteriores. Asimismo, eligió el viernes para el encuentro actual porque es el día de menor afluencia estudiantil, ya que la mayor parte de las clases solamente se celebran de lunes a jueves. Hubo reportes de que los priístas incluso ofrecían dinero a los estudiantes a cambio de tener un buen comportamiento en el acto. Igualmente, al terminar el acto, Peña fue quien decidió salir por la puerta de atrás del auditorio y cancelar su participación en el programa de RadioIbero, aun cuando contaba con la protección de más de una veintena de escoltas.

El candidato no tuvo interés alguno en entablar un diálogo auténtico y espontáneo con los estudiantes. Quien le faltó el respeto a la comunidad y los principios universitarios no fueron los alumnos de la Ibero, sino el candidato del PRI.

En una verdadera democracia, los candidatos presidenciales deben estar en contacto constante con la población, dialogar con los ciudadanos y debatir frecuentemente con sus adversarios. Pero Peña prefiere esconderse en una burbuja mediática y comprar lealtades y complicidades.

Los priístas suelen decir que en política, todo lo que se puede comprar con dinero es barato. Ello porque al llegar al poder el enorme gasto en la campaña siempre es más que recompensado con el botín del presupuesto y el poder público. Pero en este caso los alumnos de la Ibero han dado un inspirador ejemplo de dignidad ciudadana al demostrar que algunas cosas, como la conciencia, la inteligencia y la memoria histórica, son tan valiosas que simplemente no tienen precio.

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