Niños Incómodos, por Ramón Cota Meza y Álvaro Cueva


Niños Incomodos

El video de los “Niños Incómodos” ha despertado un gran interés y también una gran polémica. Si usted no lo ha visto, vaya al siguiente sitio de internet:    http://www.youtube.com/watch?v=8Aq4BoiyJqw  y puede ver también los comentarios posteriores de los niños participantes en: http://www.proceso.com.mx/?p=304173. Como la gran mayoría de los comentarios sobre ese cortometraje son elogiosos sobre, buscamos las voces críticas y encontramos estos dos artículos en Milenio. A ninguno de los dos les hemos pedido permiso para reproducir sus artículos, pero como dijo el que fue a una fiesta sin ser invitado, tampoco nos dijeron que no. Esperamos contar con la comprensión de Ramón Cota Mesa (respetado periodista originario de Hermosillo) y de Álvaro Cueva (analista atento de todo lo que pasa en las pantallas).
Infantilización del mundo
Ramón Cota Meza
Diario Milenio, abril 14, 2012
Hace varias semanas tramo este artículo, aguardando un pretexto indiscutible para perpetrarlo, pero éste no llegaba. ¿Josefina y su equipo bailando “Agárrense de las manos”? ¿Fernández Noroña liándose a golpes en la Cámara de Diputados? ¿Escritores discurriendo sobre futbol como si hablaran del origen del universo? ¿Jueces y analistas exigiendo la liberación de una secuestradora por razones de técnica procesal? ¿Universitarios enardecidos coreando goles en su propio estadio…?
El pretexto llegó con el video “Los niños incómodos”, pero su contenido no es obvio porque la idea aparece invertida: niños en el papel de adultos, en vez de adultos portándose como niños. Hace poco una maestra universitaria alertó que el erotismo sexual precoz es cada vez más común por el impacto de los medios de comunicación: los niños muestran conductas sexuales adultas sin la capacidad cognitiva para discernirlas —caso similar al de Los niños incómodos.
El contenido manifiesto de este video es que el niño es amo y señor como hampón, sicario, usuario o ciudadano, pero su verdadero mensaje es que el amo y señor es el adulto porque puede usar niños para que hablen por él. La infantilización del mundo resulta entonces doble porque representa, por un lado, derechos ciudadanos absolutos (cuyas obligaciones respectivas son exclusivas de los políticos), y porque proyecta, por el otro, demandas de adultos que afirman su estado de gracia literalmente como niños.
La infantilización del mundo ha sido abordada desde varias perspectivas. Una enfatiza el ascenso del consumidor como rey y árbitro de la disputas de competencia económica; al ser erigido autoridad suprema en medio de una plétora de bienes y servicios materiales, el consumidor experimenta una regresión a la infancia por capricho o en compensación al falso sentimiento de superioridad que la sociedad capitalista le otorga (“La derrota del pensamiento”, Alan Finkielkraut).
Otro enfoque identifica el fenómeno como reacción contra la racionalización creciente de la vida en todos los órdenes: los individuos se han vuelto infantiles en sus recíprocas demandas y en las que imponen a los ambientes ecológico y social. Cuando las demandas coinciden con sus intereses a corto plazo, los individuos exhiben “racionalidad”. Más allá de eso se vuelven “irracionales” en un frenesí de diversión que suspende los principios racionales de su vida diaria. “En conjunto, este paquete de conductas no solo es esquizoide, sino también infantil”. (“Rationalization and Culture”, Alan Sica).
La infantilización del mundo ha convertido al niño y al joven en símbolos del ideal social. Federico Fellini se preguntó “qué ha podido ocurrir en un momento dado, qué especie de maleficio ha caído sobre nuestra generación para que, repentinamente, hayamos comenzado a mirar a los jóvenes como a los mensajeros de no sé qué verdad absoluta (…) ¡Ni que acabaran de llegar en sus naves espaciales (…) Solo un delirio colectivo pudo habernos hecho considerar a chicos de quince años como maestros depositarios de todas las verdades.” (Fellini por Fellini).
La infantilización es la forma moderna del “reencantamiento del mundo”. El paraíso perdido de la infancia, anhelo común a todas las épocas y sociedades, ha encontrado cauce en la confluencia del consumismo frenético, el auge del entretenimiento, el desarrollo de la medicina y la igualdad democrática, hasta convertirse en imperativo categórico global.
“La cultura occidental está siendo infantilizada. Ignoro la cadena de causas y efectos [pero sé que] los productores de nuestra cultura, la elite intelectual, perdió hace mucho tiempo toda confianza en la razón y las virtudes dependientes de ella, como la independencia, la integridad, etc. Ahora nos dan la única realidad en la que creen: acción sensacionalista sin reflexión, sin valores maduros” (blog de Myrhaf). Entre escritores es común escuchar su afición al futbol porque “los regresa a la infancia”, como si fuera la gran cosa. “La juventud es ahora un bloque, una cuasi especie; ya no se puede tener veinte años sin aparecer como el portavoz de la generación propia.” (A. Finkielkraut)
El infantilismo es el rasgo saliente de la moderna sociedad polimorfa en la que todo da igual y cada quien es dueño de su propia verdad a prueba del diálogo y el examen crítico. Toda intervención del pensamiento riguroso es descalificada por “intensa”, “moralista”, “intolerante”, “pretenciosa”, “dominante” y hasta “machista”. Toda postulación debe ser aderezada con gracejos para regocijo de la audiencia; los intelectuales alternan con los payasos, y éstos se comportan como jueces de la vulgaridad y la excelencia, que para el caso lo mismo da.
El infantilismo político se manifiesta en la figura del ciudadano mimado, aquel que se siente titular de todos los derechos y de ninguna de las obligaciones, y que por eso desdeña a la clase política y sus iniciativas en bloque, abriendo abismos en vez de diálogo.
El título “Los niños incómodos” se traiciona a sí mismo porque sus imágenes resultan incómodas de verdad, no solo para la clase política, sino para muchas personas ajenas al propósito de los productores. La imagen proyectada del país no corresponde a su compleja realidad. Lo cual no significa ignorar la inseguridad en los negocios, cuya información precisa desconocemos, pero que suponemos alarmante.
El “spot” de los “niños incómodos”
Álvaro Cueva
Diario Milenio, abril 12, 2012
Pocas cosas pueden ser más siniestras que el video Niños incómodos que le está dando la vuelta a todo México a través de diferentes medios tradicionales y no tradicionales. ¿Por qué? Porque es una gravísima alteración del proceso electoral y porque es la cúspide del chantaje, de lo barato, de lo chafa. Obviamente no hay sistema nervioso que no se impacte ante las imágenes de esos niños haciéndola de asaltantes, policías corruptos y cosas peores como no hay retina que no sucumba ante el más estúpido de los sketches de Sabadazo.
¡Es básico! Como si una persona desnuda apareciera cruzando la calle, como cuando le suben al volumen de los canales de televisión en los cortes comerciales. ¡De seminario de rating uno!
En el remoto caso de que usted no haya visto este corto, ¿en qué consiste? En una carísima producción, casualmente como promocional de Pequeños gigantes, que doblega nuestra mente a través del desfile de decenas de niños haciendo cochinadas light. ¿Cómo cuáles? Como asaltar, secuestrar y corromper.
¿Por qué le digo que son cochinadas light? Porque eso es nada en comparación a muchas escenas que las personas que realmente vemos la televisión hemos padecido en los últimos años con menores de edad. Y porque es muy fácil jugar al asalto, al secuestro o a la corrupción.
¿Por qué nadie jugó en esa emisión al sacerdote pederasta? ¿Por qué nadie jugó al empresario monopólico? ¿Por qué nadie jugó a lo otro? ¿Por qué nada más a eso? ¡Por qué! Claro, usted, como muchos mexicanos, está muy estimulado con las campañas electorales, padece sus propios conflictos, mira eso, ¿y qué hace? Pues se enoja, le da la razón a esos niños y más cuando el remate es el de una nena diciendo:
“Si este es el futuro que me espera, no lo quiero. Basta de trabajar para sus partidos y no para nosotros. Basta de arreglar el país por encimita. “Doña Josefina, don Andrés Manuel, don Enrique, don Gabriel: se acabó el tiempo. México ya tocó fondo. ¿Sólo van a ir por la silla o van a cambiar el futuro de nuestro país?”
Al final aparece un texto que señala: “Somos millones los que queremos un mejor país”. Firma: Nuestro México del Futuro. ¿Así o más manipulador? ¿Quién va a decir que quiere un futuro lleno de asaltantes y secuestradores? ¿Quién va a afirmar que no quiere un país mejor?
¿A qué se refiere esa niña cuando habla de cambiar al país? ¿Cambiar de qué? ¿Cambiar hacia dónde? ¿Qué es arreglar por encimita? ¿Qué no lo es? ¿Se acabó el tiempo? ¿Entonces para qué estamos discutiendo si ya se acabó? ¡Para qué! ¿Ya tocamos fondo? ¿De veras ya tocamos fondo? ¿En relación a qué? ¿En relación a quién? ¿Por qué necesariamente la culpa de todos los horrores que se muestran en este video es de  los partidos políticos? ¿Por qué sólo de ellos? ¿A poco Josefina, Andrés Manuel, Enrique y Gabriel son magos?
¿Realmente los responsables de ese corto creen que una sola persona, asumiendo la Presidencia de la República, va a cambiarlo todo en automático? Además de que, insisto, ¿de qué cambio estamos hablando? No hay candidato, en el mundo entero, que le pueda dar gusto algo que ni siquiera está definido.
La campaña Niños incómodos es una trampa. Pase lo que pase, nunca nadie se va a sentir satisfecho y nunca nadie va a tener la responsabilidad de nada. ¡Cuidado!  ¿Por qué le digo que este anuncio es una gravísima alteración del proceso electoral? Porque se está presentando como una estrategia paralela que no respeta los formatos de los spots de ningún partido, dejando en desventaja a cualquier instancia, y porque la única conclusión a la que se puede llegar después de ver esa producción de cuatro minutos es que no hay candidato que valga la pena.
¡Para qué votar! ¡Para qué creer! Mejor que pase lo que tenga que pasar para que, al final, nos podamos seguir quejando y para que cuando todo esto haya terminado, sintamos que estábamos en lo cierto, que nosotros éramos los poderosos, aunque estemos igual o peor que antes.
Con razón el primer candidato en apoyar este mensaje fue Enrique Peña Nieto. ¡Que nadie le mueva! ¡Que así se queden las encuestas hasta julio! ¡Que nadie vote! Niños incómodos sí es algo que se tiene que discutir porque es una guerra sucia por encima de las guerras sucias y porque aunque no sea una campaña electoral, misteriosamente ha recibido todo tipo de promoción en toda clase de espacios en donde se debaten éstas y otras cuestiones.
¿Por qué Niños incómodos se discute tanto y otros videos, de otras personas o de otras organizaciones, no? ¿Qué pasaría si usted o si yo produjéramos algo más o menos similar? ¿Nos dejarían meterlo a la televisión tradicional? ¿Nos lo replicarían en tantos noticiarios? Pocas cosas pueden ser más siniestras que el video Niños incómodos que le está dando la vuelta a todo México. ¿A poco no?

El video de los “Niños Incómodos” ha despertado un gran interés y también una gran polémica. Si usted no lo ha visto, vaya al siguiente sitio de Internet:   http://www.youtube.com/watch?v=8Aq4BoiyJqw y puede ver también los comentarios posteriores de los niños participantes en: http://www.proceso.com.mx/?p=304173. Como la gran mayoría de los comentarios sobre ese cortometraje son elogiosos, buscamos las voces críticas y encontramos estos dos artículos en Milenio. A ninguno de los dos les hemos pedido permiso para reproducir sus artículos, pero como dijo el que fue a una fiesta sin ser invitado, tampoco nos dijeron que no. Esperamos contar con la comprensión de Ramón Cota Mesa (respetado periodista originario de Hermosillo) y de Álvaro Cueva (analista atento de todo lo que pasa en las pantallas).

Infantilización del mundo

Ramón Cota Meza

Diario Milenio, abril 14, 2012

Hace varias semanas tramo este artículo, aguardando un pretexto indiscutible para perpetrarlo, pero éste no llegaba. ¿Josefina y su equipo bailando “Agárrense de las manos”? ¿Fernández Noroña liándose a golpes en la Cámara de Diputados? ¿Escritores discurriendo sobre futbol como si hablaran del origen del universo? ¿Jueces y analistas exigiendo la liberación de una secuestradora por razones de técnica procesal? ¿Universitarios enardecidos coreando goles en su propio estadio…?

El pretexto llegó con el video “Los niños incómodos”, pero su contenido no es obvio porque la idea aparece invertida: niños en el papel de adultos, en vez de adultos portándose como niños. Hace poco una maestra universitaria alertó que el erotismo sexual precoz es cada vez más común por el impacto de los medios de comunicación: los niños muestran conductas sexuales adultas sin la capacidad cognitiva para discernirlas —caso similar al de Los niños incómodos.

El contenido manifiesto de este video es que el niño es amo y señor como hampón, sicario, usuario o ciudadano, pero su verdadero mensaje es que el amo y señor es el adulto porque puede usar niños para que hablen por él. La infantilización del mundo resulta entonces doble porque representa, por un lado, derechos ciudadanos absolutos (cuyas obligaciones respectivas son exclusivas de los políticos), y porque proyecta, por el otro, demandas de adultos que afirman su estado de gracia literalmente como niños.

La infantilización del mundo ha sido abordada desde varias perspectivas. Una enfatiza el ascenso del consumidor como rey y árbitro de la disputas de competencia económica; al ser erigido autoridad suprema en medio de una plétora de bienes y servicios materiales, el consumidor experimenta una regresión a la infancia por capricho o en compensación al falso sentimiento de superioridad que la sociedad capitalista le otorga (“La derrota del pensamiento”, Alan Finkielkraut).

Otro enfoque identifica el fenómeno como reacción contra la racionalización creciente de la vida en todos los órdenes: los individuos se han vuelto infantiles en sus recíprocas demandas y en las que imponen a los ambientes ecológico y social. Cuando las demandas coinciden con sus intereses a corto plazo, los individuos exhiben “racionalidad”. Más allá de eso se vuelven “irracionales” en un frenesí de diversión que suspende los principios racionales de su vida diaria. “En conjunto, este paquete de conductas no solo es esquizoide, sino también infantil”. (“Rationalization and Culture”, Alan Sica).

La infantilización del mundo ha convertido al niño y al joven en símbolos del ideal social. Federico Fellini se preguntó “qué ha podido ocurrir en un momento dado, qué especie de maleficio ha caído sobre nuestra generación para que, repentinamente, hayamos comenzado a mirar a los jóvenes como a los mensajeros de no sé qué verdad absoluta (…) ¡Ni que acabaran de llegar en sus naves espaciales (…) Solo un delirio colectivo pudo habernos hecho considerar a chicos de quince años como maestros depositarios de todas las verdades.” (Fellini por Fellini).

La infantilización es la forma moderna del “reencantamiento del mundo”. El paraíso perdido de la infancia, anhelo común a todas las épocas y sociedades, ha encontrado cauce en la confluencia del consumismo frenético, el auge del entretenimiento, el desarrollo de la medicina y la igualdad democrática, hasta convertirse en imperativo categórico global.

“La cultura occidental está siendo infantilizada. Ignoro la cadena de causas y efectos [pero sé que] los productores de nuestra cultura, la elite intelectual, perdió hace mucho tiempo toda confianza en la razón y las virtudes dependientes de ella, como la independencia, la integridad, etc. Ahora nos dan la única realidad en la que creen: acción sensacionalista sin reflexión, sin valores maduros” (blog de Myrhaf). Entre escritores es común escuchar su afición al futbol porque “los regresa a la infancia”, como si fuera la gran cosa. “La juventud es ahora un bloque, una cuasi especie; ya no se puede tener veinte años sin aparecer como el portavoz de la generación propia.” (A. Finkielkraut)

El infantilismo es el rasgo saliente de la moderna sociedad polimorfa en la que todo da igual y cada quien es dueño de su propia verdad a prueba del diálogo y el examen crítico. Toda intervención del pensamiento riguroso es descalificada por “intensa”, “moralista”, “intolerante”, “pretenciosa”, “dominante” y hasta “machista”. Toda postulación debe ser aderezada con gracejos para regocijo de la audiencia; los intelectuales alternan con los payasos, y éstos se comportan como jueces de la vulgaridad y la excelencia, que para el caso lo mismo da.

El infantilismo político se manifiesta en la figura del ciudadano mimado, aquel que se siente titular de todos los derechos y de ninguna de las obligaciones, y que por eso desdeña a la clase política y sus iniciativas en bloque, abriendo abismos en vez de diálogo.

El título “Los niños incómodos” se traiciona a sí mismo porque sus imágenes resultan incómodas de verdad, no solo para la clase política, sino para muchas personas ajenas al propósito de los productores. La imagen proyectada del país no corresponde a su compleja realidad. Lo cual no significa ignorar la inseguridad en los negocios, cuya información precisa desconocemos, pero que suponemos alarmante.

El “spot” de los “niños incómodos”

Álvaro Cueva

Diario Milenio, abril 12, 2012

Pocas cosas pueden ser más siniestras que el video Niños incómodos que le está dando la vuelta a todo México a través de diferentes medios tradicionales y no tradicionales. ¿Por qué? Porque es una gravísima alteración del proceso electoral y porque es la cúspide del chantaje, de lo barato, de lo chafa. Obviamente no hay sistema nervioso que no se impacte ante las imágenes de esos niños haciéndola de asaltantes, policías corruptos y cosas peores como no hay retina que no sucumba ante el más estúpido de los sketches de Sabadazo.

¡Es básico! Como si una persona desnuda apareciera cruzando la calle, como cuando le suben al volumen de los canales de televisión en los cortes comerciales. ¡De seminario de rating uno!

En el remoto caso de que usted no haya visto este corto, ¿en qué consiste? En una carísima producción, casualmente como promocional de Pequeños gigantes, que doblega nuestra mente a través del desfile de decenas de niños haciendo cochinadas light. ¿Cómo cuáles? Como asaltar, secuestrar y corromper.

¿Por qué le digo que son cochinadas light? Porque eso es nada en comparación a muchas escenas que las personas que realmente vemos la televisión hemos padecido en los últimos años con menores de edad. Y porque es muy fácil jugar al asalto, al secuestro o a la corrupción.

¿Por qué nadie jugó en esa emisión al sacerdote pederasta? ¿Por qué nadie jugó al empresario monopólico? ¿Por qué nadie jugó a lo otro? ¿Por qué nada más a eso? ¡Por qué! Claro, usted, como muchos mexicanos, está muy estimulado con las campañas electorales, padece sus propios conflictos, mira eso, ¿y qué hace? Pues se enoja, le da la razón a esos niños y más cuando el remate es el de una nena diciendo:

“Si este es el futuro que me espera, no lo quiero. Basta de trabajar para sus partidos y no para nosotros. Basta de arreglar el país por encimita. “Doña Josefina, don Andrés Manuel, don Enrique, don Gabriel: se acabó el tiempo. México ya tocó fondo. ¿Sólo van a ir por la silla o van a cambiar el futuro de nuestro país?”

Al final aparece un texto que señala: “Somos millones los que queremos un mejor país”. Firma: Nuestro México del Futuro. ¿Así o más manipulador? ¿Quién va a decir que quiere un futuro lleno de asaltantes y secuestradores? ¿Quién va a afirmar que no quiere un país mejor?

¿A qué se refiere esa niña cuando habla de cambiar al país? ¿Cambiar de qué? ¿Cambiar hacia dónde? ¿Qué es arreglar por encimita? ¿Qué no lo es? ¿Se acabó el tiempo? ¿Entonces para qué estamos discutiendo si ya se acabó? ¡Para qué! ¿Ya tocamos fondo? ¿De veras ya tocamos fondo? ¿En relación a qué? ¿En relación a quién? ¿Por qué necesariamente la culpa de todos los horrores que se muestran en este video es de  los partidos políticos? ¿Por qué sólo de ellos? ¿A poco Josefina, Andrés Manuel, Enrique y Gabriel son magos?

¿Realmente los responsables de ese corto creen que una sola persona, asumiendo la Presidencia de la República, va a cambiarlo todo en automático? Además de que, insisto, ¿de qué cambio estamos hablando? No hay candidato, en el mundo entero, que le pueda dar gusto algo que ni siquiera está definido.

La campaña Niños incómodos es una trampa. Pase lo que pase, nunca nadie se va a sentir satisfecho y nunca nadie va a tener la responsabilidad de nada. ¡Cuidado!  ¿Por qué le digo que este anuncio es una gravísima alteración del proceso electoral? Porque se está presentando como una estrategia paralela que no respeta los formatos de los spots de ningún partido, dejando en desventaja a cualquier instancia, y porque la única conclusión a la que se puede llegar después de ver esa producción de cuatro minutos es que no hay candidato que valga la pena.

¡Para qué votar! ¡Para qué creer! Mejor que pase lo que tenga que pasar para que, al final, nos podamos seguir quejando y para que cuando todo esto haya terminado, sintamos que estábamos en lo cierto, que nosotros éramos los poderosos, aunque estemos igual o peor que antes.

Con razón el primer candidato en apoyar este mensaje fue Enrique Peña Nieto. ¡Que nadie le mueva! ¡Que así se queden las encuestas hasta julio! ¡Que nadie vote! Niños incómodos sí es algo que se tiene que discutir porque es una guerra sucia por encima de las guerras sucias y porque aunque no sea una campaña electoral, misteriosamente ha recibido todo tipo de promoción en toda clase de espacios en donde se debaten éstas y otras cuestiones.

¿Por qué Niños incómodos se discute tanto y otros videos, de otras personas o de otras organizaciones, no? ¿Qué pasaría si usted o si yo produjéramos algo más o menos similar? ¿Nos dejarían meterlo a la televisión tradicional? ¿Nos lo replicarían en tantos noticiarios? Pocas cosas pueden ser más siniestras que el video Niños incómodos que le está dando la vuelta a todo México. ¿A poco no?