Mujeres



Mujer Yaqui

Hoy el Vícam Switch promueve la lectura del trabajo de nuestro compañero Jesús Diego Enríquez. Este joven profesor, oriundo de Ures (y residente allá) nos hace el favor de enaltecer las páginas de nuestro periódico mes a mes con su pluma ligera y siempre oportuna. Además, lo hace con un dominio del idioma que en sí mismo es un mentís a lo que hoy en día se dice de los docentes mexicanos. Que lo disfrute.

Por Jesús Diego Enríquez Cajigas (EL CAMINANTE)

Sin la mujer, la vida es pura prosa”

Rubén Darío

Algo está cambiando en la autoconciencia de las mujeres mexicanas y mi deseo es que dicho cambio sea irreversible. La cantidad de espacios reclamados por el género femenino en todos los ámbitos podría verse coronado este mismo año por la presencia de una mujer en la Presidencia de la República y la decisión está ahora en manos de los mexicanos. Sin pretender dramatizar la situación ni plantear las próximas elecciones como una confrontación de géneros, considero que las mujeres podrían ganar mucho del respeto y reconocimiento por el que han venido luchando a lo largo de décadas. Tener como dirigente a una mujer, podría ser un revulsivo en la lucha contra uno de los males más acendrados que atentan contra nuestra incipiente democracia social: el machismo.

El buen Germán Dehesa narraba en sus columnas como logró darse cuenta de los sutiles cambios que presentaban las mujeres de su época en cuanto a su rol familiar y social; Germán explicaba, con ese humor que le caracterizaba, que en los tiempos de sus abuelos las mujeres debían ser como las escopetas: calladas, cargadas y en un rincón. Decía que su madre, durante una cena familiar, comentó como una tía suya, harta de los abusos del esposo, que había aprovechado una de sus tantas borracheras para amarrarlo a la cama y con ayuda de una vara, tundirle hasta habérsele cansado el brazo y descansado el alma. Dehesa decía que su padre a estas alturas del relato hacía gárgaras con las conchas de pan que formaban parte de la cena y se percataba del “te digo Juan pa´que lo escuches Pedro”; el columnista terminaba diciendo que años después él sufriría las consecuencias de la insubordinación femenina, ya que aseguraba no contar con ninguna autoridad en el seno familiar o sobre su “Hillary”.

Yo mismo fui testigo de cómo todavía a finales del siglo pasado, algún maestro universitario atrapado en un pasado recalcitrantemente machista, confesaba a una clase constituida únicamente por varones que no sabía por qué había mujeres en nuestra carrera. En su opinión, ellas debían limitarse al hogar y esgrimía una retahíla de razones por las cuales las féminas se encontraban “evidentemente” imposibilitadas para desempeñarse como profesionistas capaces. El catedrático finalizaba su perorata refiriéndose al alumnado femenino como “prófugas de los trapeadores”; la plática provocó diversas reacciones entre nosotros aunque estas se dieron hasta que hubimos abandonado la clase.

Con mentalidades como la reseñada pululando en cada rincón y ámbito de nuestro país es natural que a las mujeres se les dificulte conquistar fácilmente los espacios que requiere una sociedad plural y libre de prejuicios como la que aspiramos a convertirnos. México es un país donde el machismo ha constituido un lastre durante demasiados años; la llegada de una mandataria al principal puesto político de la nación no es garantía del fin de esas rémoras, aunque bien aprovechado, sería un paso hacia adelante. Josefina Vázquez Mota no es la primera candidata a la Presidencia de la República, aunque sin duda es la primera con posibilidades reales de ganar; las últimas encuestas marcan un ligero fortalecimiento a consecuencia de la contienda interna y la maniobra del presidente Felipe Calderón de presentar a Ernesto Cordero como su candidato para debilitar a Santiago Creel, sin duda dio resultados.

Si pudiéramos medir nuestro atraso social del mismo modo en como lo hacemos en el ámbito económico, podríamos decir que llevamos cerca de tres décadas con respecto a ciertos países desarrollados; Inglaterra tuvo una Primer Ministro en la figura de Margaret Tatcher de 1979 a 1990. Yo mismo pertenezco a un gremio cuya dirigente ha sido cuestionada pero que ha mantenido su liderazgo durante dos décadas el SNTE; cada vez es más frecuente ver cómo las mujeres ocupan más cargos y de mayor relevancia en todos los ámbitos del quehacer nacional. Sin duda, las elecciones presidenciales de este año podrán ser una más en la historia de nuestro país; el que gane o no una mujer puede ser irrelevante si se busca constituir un gobierno capaz y competente, aunque sin duda, de conquistar el puesto una mujer, en muchos sentidos será la reiteración de que algo está cambiando en nuestro país.

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