En la madre, otra calumnia y ahora con demeritación


Alejandro Olais Olivas

Por: Alejandro Valenzuela, director del Vícam Switch

Alejandro Olais Olivas, director de un medio en línea llamado Tiempo o algo así, es un personaje al que no conozco pero que tiene mi teléfono celular porque un amigo común se lo dio para que me contactara. Alejandro lo hizo, pero estaba yo en la ciudad de México y todavía no hemos podido encontrarnos. En esa ocasión me dijo que ese amigo común le había dado un ejemplar del Vícam Switch y que él había quedado muy bien impresionado por la alta calidad, el buen humor y la pluralidad del periódico. Durante un rato nos echó flores, cosa que yo agradecí porque no es fácil que entre la gente de los medios se reconozcan los méritos ajenos (quitándonos a nosotros que pensamos que hasta la i es buena y si existiera la Alarma también lo celebraríamos aunque tuviéramos que leer, en sus titulares, que el atropellado, como moco quedó untado en el pavimento).

Pues resulta que en esa vorágine de intereses y conflictos, como que algo pasó porque, para Olais hemos dejado de ser un medio de muy “alta calidad” para convertirnos en un “periodiquito” vendido al gobernador. Sospecho que el dicho no es de buena fe, porque si así fuera, Alejandro hubiera marcado mi teléfono y aclarado las cosas y ya si no quedaba satisfecho, pues decir lo que dijo.

Voy a transcribir textualmente lo que dice Alejandro, pero debe leer usted con cuidado porque la prosa que usa no se deja leer fácilmente (lo que sí entenderá usted  con claridad es eso del “periodiquito vendido”.

Dice Olais: “Lo inaudito de esta entidad ‘de fantasía’ –si no la padeciéramos realmente– es la habilidad de Guillermo Padrés para capitalizar el pleito de cantina en el Yaqui entre  Rogelio Díaz Brown Ramos y José Eduardo Robinson Bours-Castelo, para atacar a la familia del vencedor del match, en el periodiquito Vícam Switch…”

Muchas veces me ha sorprendido cómo algunas personas saben lo que dicen saber, y me sorprende porque hay cosas que para saberlas hay que estar allí. Un ejemplo quizá ahora olvidado es el siguiente: el 23 de febrero de 1981, el Coronel Antonio Tejero asaltó el Congreso Español en un intento fallido de golpe de estado. Un día después, el periodista Juan María Alponte  (seudónimo del profesor Enrique Ruiz, de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM) publicó en su artículo de Uno Más Uno que “a las cuatro de la mañana del 24 de febrero sonó el teléfono en la habitación de Leopoldo Calvo Sotelo para avisarle que él sería el nuevo jefe del gobierno español, en sustitución de Adolfo Suárez”.

Al leer esto, allá en el lejano inicio de la década de los ochenta, me pregunté que si cómo le hizo Alponte para saber eso, ¿Estaba acaso en la recámara de Calvo Sotelo? Desde luego que puede tratarse de un recurso literario para adornar la redacción, pero la duda queda. Pero la costumbre de inventar escenarios y explicaciones no es nueva en México (ni quizá en el mundo).

En Visión del Paricutín (un libro de relatos sobre viajes por América en 1945, uno de los cuales incluye Vícam), José Revueltas dice lo siguiente: “Un peón de vía de los ferrocarriles, con quien conversé en una pequeña estación del camino, inventaba, por ejemplo, la más absurda historia para explicarse algunos acontecimientos relacionados con la guerra. Según este hombre, los presidentes Roosevelt y Ávila Camacho, al reunirse en Monterrey, tuvieron la conversación siguiente: ‹‹A ver cómo le haces –habría dicho Roosevelt muy campechanamente– para mandarme mexicanos con quienes trabajar los campos y cubrir las bajas de mi ejército››.”

¿Cómo se imaginaría Alejandro Olais la orden trasmitida al Periódico Vícam Switch? Quizá Padrés le pidió a Jorge Morales (a quien conozco porque también escribí en El Imparcial) o al Temo Ruiz (a quien también conozco porque ambos fuimos a CBTA, el a Tobarito y yo a Vícam) que me contactaran (podría ser, por ejemplo, “quiero que vengas en caliente a mi oficina porque tengo una orden que darte de parte del gober”); luego, me imagino a mí mismo tomando nota acerca de la orden y poniéndola en el periódico. Etc., porque la imaginación es como dice la corona del espíritu mexicano, no conoce fronteras.

Y sí, efectivamente, el 7 de septiembre pusimos en nuestro sitio de internet un “post” con información acerca de que la familia Díaz Brown recibe del Procampo un promedio de 100 mil pesos mensuales en subsidios. También dijimos, cuando Bours era gobernador, que no tenía estatura para ser presidente y que no nos estábamos refiriendo a la cosa física. También hemos dicho que el asunto del Novillo es un pleito entre los ricos de Obregón y los ricos de Hermosillo, pleito donde los yaquis y la gente de Vícam no tienen nada que hacer porque los problemas de nuestra comunidad no se resolverán defendiendo a uno u otro, y menos cuando sabemos que ambos grupos han estado interesados de siempre en despojar a los yaquis.

Se le escapan dos cosas a Olais, dos cosas, además, de pura lógica. La primera es que se equivocó de Guillermo. Guillermo Noriega Esparza, el director de Sonora Ciudadana AC publicó por ahí el 6 o 7 de septiembre en su columna de El Imparcial los datos sobre esa familia y remitía a la página de internet: www.subsidosalcampo.org.mx (a la que también remitimos a Olais) y de allí tomamos la idea de documentar el asunto (como documentaríamos cualquier otro hecho que sea de interés para nuestra comunidad sin detenernos en los personajes ni el poder).

Una gran ventaja de nuestro periódico es que los que allí trabajamos lo hacemos por amor al arte, ninguno tiene ingresos provenientes del periódico e, incluso, como es mi caso, con mucha frecuencia ponemos dinero del nuestro para que el periódico siga circulando. Sé que a mucha gente se le hace difícil imaginarse que alguien se dedique al periodismo y no viva de él. Nosotros somos un medio en el que participan unas 25 personas de manera directa y como otras cien de manera indirecta, incluyendo a los que dan cien pesos mensuales para asegurarse de que el periódico sobreviva.

La segunda cosa que se le escapó a Olais es que lo de Díaz Brown apareció en el Vícam Switch el 7 de septiembre y el mitote de Bours empezó a circular como eso, un mitote, el 3 de noviembre. ¿Cómo le haría el Gobernador Padrés, Alejandro, para aprovechar eso que tú llamas pleito de cantina para influir en nosotros casi dos meses atrás? Como que está medio cabrón, ¿qué no?

Yo creo que Olais no ha leído a este “periodiquito vendido”, porque si lo hubiera hecho sabría que en las mismas páginas aparecen opiniones encontradas sobre el mismo tópico. Por ejemplo, se le fue que en Octubre (antes del supuesto affaire Bours Díaz Brown, y decimos supuesto porque no nos consta y lo nuestro, lo nuestro no es el mitote), se le pasó, decía, que en la edición de Octubre publicamos una carta de Ramón Alcaraz, un técnico de Acerca en la Ciudad de México, en la que nos dice: “Hasta donde sé, el Procampo no discrimina entre agricultores ricos y pobres; los apoyos son por hectárea cultivada, y desde la modificación de la Ley Agraria en tiempos de Salinas de Gortari, las personas físicas (incluyendo los miembros de una familia) pueden asociarse para cultivar legalmente en conjunto, mucho más de las 100 hectáreas individuales de antes y de superficies adicionales rentadas. Creo que los apoyos son hasta de $100,000 por persona y ciclo”. Nosotros le dimos entrada a esta carta porque dice, en esencia, que la familia Díaz no está cometiendo ninguna ilegalidad y nosotros (aunque parezca ridículo, como regalarle flores a la novia) estamos comprometidos con la verdad, no con intereses políticos y económicos.

¡Ah!, por cierto Alejandro. Sí somos un “periodiquito vendido”. “El periodiquito” le dice la gente de las comunidades yaquis al Vícam Switch, pero lo hacen de cariño porque pocas cosas son de todos allá y éste es una de ellas. Y también somos vendidos. Es más, somos ampliamente vendidos. Te voy a pasar un dato. En México se lee un ejemplar de periódico por cada 25 familias; en los Estados Unidos se vende un ejemplar por cada 15 familias; el New York Times está vendiendo uno ejemplar por cada 5 familias en Nueva York. Pues el Vícam Switch, para tu información, está vendiendo también ¡un ejemplar por cada 5 familias en Vícam!

Sinceramente, señor Olais, en el Vícam Switch no sabemos si la cosa allá afuera esté tan tenebrosa, pero en realidad a nosotros no nos consta…