¡A leer se ha dicho!


LECTORES

Recomendamos a nuestros lectores que aprovechen las vacaciones para leer. Cuando uno lee se introduce en un mundo desconocido y fascinante. Es mejor que ver una película porque en la lectura el lector puede crear en su mente sus propios escenarios y personajes. Hace muchos años, digamos más de treinta, se vaticinó la desaparición del libro. Sin embargo, ya estamos en plena era de la informática y el libro sigue tan campante. Fíjese todo lo que es un libro (y cuando lea lo siguiente, piense en las computadoras):

1) Es el mejor instrumento trasmisor de información

2) No requiere de batería ni de cargadores ni de energía eléctrica

3) Es perfectamente flexible: uno puede saltarse páginas, ir adelante o regresarse, o botarlo cuando se canse de leer y retomarlo donde se quedó cuando le den ganas de nuevo.

4) Es barato porque hay de todos los precios y por eso lo puede regalar de cumpleaños o de Navidad, por ejemplo.

5) Es perfectamente portátil (lo puede llevar al baño, por ejemplo).

Hace unos dos o tres años, Ana Lucía Castro, investigadora de El Colegio de Sonora, publicó un artículo en contra de la pantalla, en especial de la televisión, titulado “la tele al closet” que dice así:

Hace quince días tomé una decisión drástica, después de pelear durante mucho tiempo con la televisión, me envalentoné y dije a los hijos: en esta casa, todos tienen permiso para salir del closet pero la televisión, a partir de hoy, vivirá en él.

Podrá imaginar mi tercer lector el caos, la ola de improperios lanzados al aire. Desde el clásico “¿te volviste loca?” hasta un “¡¿qué vamos a hacer sin ella?!” como si de su hermanita menor se tratara. Mira, contesté, si en un mes no te suicidas… ya la hicimos. “¿Pero toda la vida sin televisión?” Note el lector el dramatismo, a lo que opuse un poco de ironía dado que tenía decenas de respuestas preparadas después de años de lucha contra la caja negra. “Pues acudan a algún grupo (tal vez adictos a la TV), apliquen los doce pasos y saldrán del atolladero, ¡vamos! no es para toda la vida, seamos prácticos…sólo por hoy no verás TV.”

En realidad he peleado desde que eran pequeños. Recuerdo que siguiendo los simpáticos consejos de la maestra Alicia Rodríguez les decía que si veían mucha tele se les pondría la cabeza cuadrada y les saldrían antenas. No sucedió ni una ni la otra, como tampoco fue verdad que se les haya secado el cerebro, ni que mi hijo haya tomado la forma del sofá después de horas frente al televisor o que se hayan convertido en todos los tipos malos que por ella desfilaron. Lo que si fue cierto es que la televisión quería tragarse a mis pequeños lectores y eso derramó el vaso… después de años dedicada a leerles para que les gustaran las matemáticas y ella se los quiere engullir.

El caso es que el experimento está dando buenos resultados. Claro, digo, buenos porque se acomodan a mis intereses. En mi argumentación para castigar a la hermana menor, recurrí a ejemplos muy trillados pero que siguen siendo muy válidos. Sugerí que se desenchufaran de ella y se conectaran al parque, a la guitarra, a los quehaceres escolares y por supuesto, lo principal, que se enchufaran a un buen libro. Ni duda hay que medidas tan drásticas tienen que acompañarse de otras no menos trilladas. Por ejemplo, desde días antes reparamos las bicicletas, garantizamos clases extras, así como la compra del periódico. Igualmente debí aceptar que escucharan su música (y ya sabe usted cuál y de qué forma la escuchan los jóvenes) y por último aceptar que esta es una restricción sólo en nuestra casa, afuera pueden emborracharse de T.V.

Para escribir estas letras pregunté a mis hijos su opinión y cuál fue mi sorpresa, su respuestas me llevaron a lugares simples, también trillados y por lo mismo muy alentadores: en principio el enojo ya bajó, nadie se ha suicidado; luego uno de ellos comentó que está muy a gusto porque regresó al parque; Omar, que parecía el más renuente, nos dijo que ya le estaba gustando porque después de contemplar por meses el libro “El perfume” de Patrick Süskind, se decidió a terminarlo. Por su lado, mi hija no podía creer que dijeran tales cosas y que ella quería por lo menos ver Los Simpson. Como buena política sé que viene la negociación.

Lo más agradable de esta experiencia es que se ha despejado la incógnita: sin la tele si existes. Por ejemplo, durante estas semanas, la discusión del aborto buscó formas para entrar a la casa, arribó por la radio, el periódico y a mis hijos les alcanzó también en su escuela. Así, supimos que si tal diputado decía que la despenalización era porque no querían tantos niños viviendo en un barril comiendo torta de jamón, que si aquel otro respondía que la discusión era seria, ética, que en ella nos iba la vida de los nonatos. Que si la Iglesia va excomulgar a medio México y que la democracia es laica o no es democracia. Por el periódico nos enteramos de su aprobación con el lujo de detalles que sólo la palabra escrita puede ofrecer. Este último argumento, se sumó a otros muchos que he vertido para convencerlos de que la televisión jamás superará al periódico…y si no que traten de matar una mosca con el televisor.

He aquí algunas sugerencias:

I. Jorge Ibargüengoitia

  1. Relámpagos de agosto
  2. Los pasos de López
  3. Esas ruinas que ves
  4. Las muertas
  5. Maten al León
  6. Dos crímenes

II. Ángeles Mastretta. Arráncame la vida

III. Gabriel García Márquez

  1. Cien años de soledad
  2. La increíble y triste historia de la Cándida Eréndira y su abuela desalmada
  3. Relato de un naufrago
  4. Del amor y otros demonios
  5. Noticia de un secuestro
  6. El amor en los tiempos del cólera
  7. Crónica de una muerte anunciada

IV. Juan Rulfo

  1. Los cuentos de El llano en llamas
  2. Pedro Páramo

V. Laura Restrepo. Delirio

VI. Mario Vargas Llosa

  1. La guerra del fin del mundo
  2. Pantaleón y las visitadoras
  3. La tía Julia y el escribidor
  4. Conversaciones en la catedral

VII. José Saramago

  1. Ensayo sobre la ceguera
  2. El evangelio según Jesucristo

VIII. Octavio Paz

  1. Sor Juana Inés de la Cruz y las trampas de la fe
  2. El laberinto de la soledad
  3. El ogro filantrópico

IX. Umberto Eco. El nombre de la rosa

X. Fernando del Paso. Noticias del Imperio

XI. Michel Houellebecq. La posibilidad de una isla

XII: Patrik Süskind. El perfume

XIII. Jonathan Swift. Los Viajes de Gulliver

XIV. Julio Verne

  1. De la tierra a la luna
  2. La vuelta al mundo en 80 días
  3. La isla misteriosa
  4. Viaje al centro de la tierra

XV. J. K. Rowling. Harry Potter

XVI. Miguel de Cervantes Saavedra. Don Quijote de la Mancha

XVII. William Shakespeare

  1. Hamlet
  2. La fierecilla domada
  3. El mercader de Venecia
  4. Romeo y Julieta
  5. Otelo

XVIII. Arturo Pérez Reverte. La Reina del Sur.

XIX. Jorge Volpi. En busca de Klingsor

XX. Martín Luis Guzmán. La sombra del caudillo