El medio ambiente en las comunidades yaquis: lo que es y lo que fue


Siembra

En El Ropaje de la  Tierra, de Luisa Paré y Martha Judith Sánchez. (Plaza y Valdés Editores), Alejandro Figueroa Valenzuela, un conocido historiador y antropólogo del Instituto Nacional de Antropología e Historia, escribió el siguiente estudio sobre la relación de los yaquis con la tierra, con el medio ambiente y con el tipo de propiedad. Casi ninguna cosa de lo que allí dice es ahora cierta. El estudio, prescindiendo de aquellas inclinaciones propias del autor donde le echa la culpa al capitalismo de lo que aquí pasa, puede ser leído como algo que se ha perdido por la actual despreocupación de los yaquis por el medio ambiente, por las formas de propiedad comunal y por la autogestión de sus recursos.

Los montes de los yaquis también han sido devastados y sus mezquitales convertidos en carbón sin que ellos se hayan preocupado, aunque no los obligue la ley, a reponer los árboles talados; los agroquímicos se usan en abundancia y el cáncer de estómago es también algo común en las comunidades yaquis; lo fauna de la región (cachoras, chureas, chanates, águilas, búhos, halcones, zopilotes juanillos, ardillas, armadillos, zorrillos, venados, etc.) se han alejado a lo profundo de la sierra o han perecido porque ahora resulta en extremo difícil verlos como antes; la propiedad comunal se está cayendo a pedazos por dos razones concatenadas: porque algunos yaquis se han apropiado de la tierra bajo el manto de la propiedad en sociedades familiares y porque la gran mayoría de la tierra está rentada y los rentistas tratan a los yaquis no como los dueños, sino como a molestos subordinados que mendigan el pago de lo que es suyo y a los que hay que maltratar. La autogestión de recursos, como dice Figueroa Valenzuela en su texto nunca ha existido y sería bueno que hoy los yaquis voltearan los ojos hacia estos tres factores (medio ambiente, desarrollo y autogestión) si no quieren que su cultura desaparezca en pocos años.

He aquí la opinión de Alejandro Figueroa. La ponemos a su disposición para que se haga usted sus propias ideas al respecto.

 LOS YAQUIS TRADICION CULTURAL Y ECOLOGIA.

Alejandro Figueroa Valenzuela

“… el paisaje y los ecosistemas regionales resultantes – ambos distintos de la “naturaleza” en su sentido de virginal pureza– son, como las formas de saludar y de moverse, como las maneras de mesa y como la cosmovisión, productos culturales. Así, el medio ambiente es producto de la intervención del hombre, es naturaleza humanizada como paisaje y como receptáculo de la acción humana: tal acción, sin embargo, se encuentra regulada por la cultura, no sólo en términos generales, sino particulares, por culturas específicas, contextuales y localizadas…”

Deforestacion 1

Con los yaquis pasa algo semejante. Su territorio de casi medio millón de hectáreas se encuentra ubicado en la región costera del centro-sur de Sonora; comprende una porción de montañas bajas conocida como Sierra del Bacatete, y hacia el mar se destaca una gran planicie que solo es entrecortada por la silueta de algún pequeño cerro y por el Río Yaqui que la cruza de oriente a poniente. Esta planicie está enclavada en una zona que se ha convertido en el paradigma de la modernización agrícola, el Valle del Yaqui, misma que se encuentra en manos de agricultores-terratenientes, pequeños propietarios y ejidatarios no indios. La zona Yaqui y el Valle del Yaqui han conformado históricamente una misma región en cuanto a sus características físicas y medio ambientales. Se trata de la porción meridional del desierto de Sonora, y originalmente se encontraba formada por montes bajos y espinosos, arbustos, cactos y álamos en la ribera del río. Estos montes, que secularmente habían regalado sus frutos a quienes cazaban y recolectaban en ellos, han sido arrancados para que crezcan ahora los cultivos comerciales que también han invadido las tierras de ribera donde se desarrollaba una agricultura de subsistencia. Allí, el Río Yaqui se ha apresado; ahora su caudal compite desventajosamente con los complejos sistemas capilares que sustentan la moderna tecnología de irrigación.

El territorio yaqui, propiedad comunal reconocida durante el gobierno de Lázaro Cárdenas, se ha integrado a la modernización agrícola del conjunto de la región. Casi todos los yaquis viven de su trabajo como agricultores –producen granos que se comercializan nacional e internacionalmente: trigo, soya, frijol, maíz, ajonjolí y cártamo– en las parcelas que sus propias autoridades les reconocen en usufructo individual. Es de subrayar, además, que en ocasiones, los agricultores yaquis han competido ventajosamente con los agricultores no indios de la región en cuanto a los rendimientos por hectárea.

Halcon

La tierra, de cualquier modo, es insuficiente y los yaquis han diversificado su producción para paliar el hecho de que no todos pueden acceder a una parcela. Así, han formado diversas cooperativas, entre las que destacan, por su importancia económica, las de pesca, las de extracción de leña y producción de carbón, las de transporte y estiba y, en menor grado, las ganaderas.

Además, cuando uno observa la tecnología que los yaquis utilizan, impacta el hecho de que poseen una maquinaria para el trabajo agrícola que muy pocas veces se ve entre los indios, entre los ejidatarios, o en general los campesinos pobres de México. Han dispuesto de tractores y trilladoras con cabinas que los aíslan del polvo y les proporcionan clima artificial; igualmente, han tenido bajo su control y propiedad centrales de maquinaria y flotillas de aviones para fumigar. Es también digno de ser destacado el que muchos jefes de familia yaquis cuentan con sus propios automóviles –camionetas tipo pick-up y de doble rodada– para solventar no sólo las necesidades de carga relativas a sus actividades económicas, sino también las de transporte individual. Además, para quienes todavía piensan en los indios como agentes del atraso, resulta sorprendente el hecho de que controlan su producción manejando redes y sistemas de computación altamente sofisticados.

Con los datos anteriores, uno podría esperar fuertes semejanzas en el hábitat de los yaquis con respecto al que existe en la zona agrícola no india inmediatamente vecina. No obstante, el contraste es notorio.

Churea 2

El paisaje de la zona no india se caracteriza por la devastación completa de los montes, del ecosistema originario. Allí, las planicies sin árboles son la cuna para que florezcan los cultivos comerciales. En mayo, durante la época previa a la cosecha del trigo, los campos de cultivo se pierden en el horizonte y dan la idea de un mar de espigas doradas. La racionalidad con la que se construye el paisaje es tal que no existe, prácticamente, espacio desaprovechado para el cultivo… En esta zona, a la que los habitantes no indios de la región denominan orgullosamente como “costa de oro”, no hay, desde la lógica de la agricultura capitalista, espacio para lo improductivo…

Para los habitantes no indios de la región, la zona yaqui es fea. En ella se siembran los mismos granos y también se destinan al mercado, pero el paisaje se construye desde otra lógica. En efecto, cuando uno llega a ella por carretera desde la zona agrícola no india, los cambios en el panorama pueden ser fácilmente percibidos. Aunque no existe un lindero físico ni una demarcación política que divida al territorio yaqui del no yaqui, los cambios de paisaje hacen evidente la presencia de una frontera cultural.

Las tierras yaquis que se han abierto al cultivo presentan una característica de aparente irregularidad. Parecen estar escondidas, dispuestas aleatoriamente, tras manchas de montes de extensiones diversas. No se percibe la inmensidad oceánica de las planicies de espigas doradas, sino la rudeza, la tosquedad y la violenta anarquía de un panorama compuesto por llanos desérticos, por montes de especies chaparras y de cactos y por algunos bosques de álamos. En esta zona, además, si no abundan, sí existen especies animales consideradas peligrosas por la población no india. Sapos, tarántulas, alacranes, serpientes venenosas, iguanas, lagartijas, monstruos de gila, camaleones, coyotes, jabalíes, pumas y gatos monteses. También hay águilas, halcones, liebres, conejos, venados, codornices y una gran cantidad de aves migratorias y permanentes. Aquí la agricultura comercial no ha roto completamente las cadenas biológicas originales. Estas, más bien, se reproducen de manera paralela.

Cactus

Los ecosistemas de estas dos zonas que se dedican a los mismos cultivos son, en consecuencia, completamente distintos… Para la producción agrícola (en la zona no india) se requiere cada vez mayor grado de fertilizantes, insecticidas y pesticidas… Cuando una plaga azota la región, ésta se extiende con vertiginosa rapidez hacia todo el valle y –ya ha sucedido varias veces– las cosechas son abortadas. Con el uso de pesticidas, defoliantes e insecticidas, se han reemplazado los controles naturales que provenían de las ya extintas cadenas bióticas. Esto, además, ha provocado la presencia de fuertes problemas de salud entre la población regional. No sólo han aparecido reacciones alérgicas y envenenamientos masivos de jornaleros que beben agua contaminada en los canales de riego; también se ha detectado una fuerte relación entre los controladores artificiales de la flora y fauna “nocivas” para la agricultura, con la presencia de aumento de enfermedades como el cáncer, la leucemia y diversos padecimientos de tipo inmunológico.

En la zona yaqui, en cambio, las manchas de monte en las parcelas aparecen como contenedores naturales de las plagas; y lo son, por un lado, en tanto que son barreras que evitan su propagación, y por otro, porque en ellas se continúan reproduciendo las cadenas biológicas con las que se controlan de manera natural los insectos, los hongos, y en general, las especies animales y vegetales que ponen en peligro la agricultura. Así, pues, resulta altamente significativo que cuando las plagas se extienden por toda la zona no india, difícilmente llegan y se desarrollan en el conjunto de las parcelas yaquis. Esto, además de que los problemas de enfermedades de tipo inmunológico entre los yaquis son menores.

Los yaquis se han incorporado a la agricultura de mercados, pero lo han hecho de acuerdo a patrones culturales propios. Ello se refleja, entre otras cosas, en la creación de un paisaje propio y en un ecosistema particular.

En el territorio, además, los yaquis encuentran el sustento de su cultura no individualista. “Dios nos dio la tierra a todos los yaquis y no un pedazo de tierra a cada uno”, ha sido una consigna en las diferentes épocas en las que se ha intentado repartirla como propiedad individual. Y esta consigna que refleja que los yaquis se perciben como una comunidad, se muestra también cuando negocian al exterior de su etnia. No existen negociaciones individuales, pues éstas tienen que hacerse con base en un sistema complejo de organización política que tiene una base territorial muy bien definida.”

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  1. El caso anterior nos presenta de manera elocuente cómo la integración al mercado capitalista y la adopción de tecnología moderna, pueden ser fenómenos que no necesariamente deban ir acompañados de la destrucción de la naturaleza, ni de la cultura de ningún grupo social o comunidad. Es decir, no existe necesariamente contradicción entre tecnología y naturaleza, ni entre conocimiento moderno y conocimiento antiguo; el conflicto se presenta entre tecnología y propiedad, relaciones de producción.
  2. Al tiempo que nos permite ver la manera en que el criterio de nuestra cultura occidental capitalista respecto de su relación con la naturaleza conduce al hombre a la destrucción de ésta y de sí mismo, nos ofrece una alternativa derivada de la existencia de culturas y cosmovisiones diferentes a la nuestra, mismas que han sido menospreciadas desde siempre . Nos ofrece una alternativa para el problema del desarrollo sustentable, de la sobrevivencia del ser humano en el planeta y del planeta mismo.
  3. Es un ejemplo también de la relación sujeto-objeto y de la relación de respeto y reciprocidad que se requiere entre el ser humano y el universo para establecer una armonía y un equilibrio entre ambos.
  4. En cuanto a la propiedad, es muy claro que la comunidad yaqui concibe su territorio como algo que le pertenece a todos, es decir, como algo colectivo y comunitario. De otra manera no podrían aplicar los criterios de producción y comercialización planteados anteriormente. Son, pues, la propiedad y el proceso de trabajo comunal, condiciones de existencia de su territorio en estado armónico y equilibrado.

Así mismo, se pone de manifiesto que para poder desarrollar los yaquis una relación con la naturaleza y entre ellos mismos acorde a su cosmovisión, han necesitado poseer el control económico y político de su grupo y de sus recursos , de lo contrario no hubiera sido posible la evolución de su proyecto, dado que la dinámica capitalista y su correspondiente aparato institucional ejercerían un dominio absoluto sobre ellos de encontrarse en control del proyecto. Es decir, estamos hablando de la autonomía en la gestión de su proceso de producción.

 

 

Mezquite