Etilio Gonzáles (sin Pecado Concebido): misoginia a la Erostato


Emilio Gonzalez

En este informativo de las comunidades yaquis, que somos plurales y tolerantes, que amamos la libertad, la democracia y la diversidad, pensamos lo que Margerite Yourcenar le hace decir al Emperador Adriano en sus memorias: que toda persona, hasta la más miserable, emite alguna luz, es decir, todos tienen algo de valioso y de todos se puede aprender algo. Por esa razón, no creemos (como la izquierda dogmática) que todos los del PAN son derechistas y cavernarios, ni pensamos (como la derecha cavernaria) que todos los de izquierda son dogmáticos y trasnochados.

            Sin embargo, hay personajes, en ambas tendencias, que ni cómo defenderlos. Por ejemplo el bravío gobernador de Jalisco, don Etilio González sin Pecado Concebido (como lo llama Jairo Calixto Albarrán) se acaba de aventar otro de sus gustados numeritos en contra (deje usted de las mujeres o de la diversidad o de la tolerancia) ¡del sentido común!

            Dijo el estólido gobernador de Jalisco que las mujeres le tienen que pedir permiso a su marido para hacerse la salpingoclasia, esa operación que se hacen las mujeres para evitar quedar embarazadas.

            Se trata del sentido común, queridos lectores, porque como dice un señor de Vícam, ya muy viejo él (refiriéndose a una telenovela que se llamó lo que callamos las mujeres) que “lo único que las mujeres callan es al marido”. ¡Imagínese que se les quiera imponer alguna otra cosa!

            Viniendo de quien viene, esta no es una noticia. Si así fuera, no la hubiéramos puesto en este portal. Simplemente es un síntoma de lo profundo y oscuro a lo que pueden llegar algunos personajes del PAN. El gober  Etilio (así le dicen porque a una reunión llegó hasta atrás y como todo borracho todavía se atrevió a decir un discurso donde mandó a chingar a su madre a todos los que no estuvieran de acuerdo con él, que son legión) se ha aventado varias perlas de su muy pobre talante para la prudencia.

            Primera, después de oponerse al reparto gratuito de condones entre los jóvenes dijo que si acaso no querrían que les pagara el motel y unas cervezas.

            Después, entregó un humilde presente a cuenta del erario a la iglesia católica:   una limosnita de 90 millones de pesos para construir un santuario, limosna que luego tuvieron que regresar por el escándalo que ese robo ocasionó.

            Tiempo después, en medio del debate por la legalización de los matrimonios de personas del mismo sexo dijo que como él era a la antigüita, que el asunto le daba asquito.

            No contento con eso, patrocinó un taller de castidad para ‘curar’ la homosexualidad (si no es catarro, dijera Nachito). En este punto, como en todos los demás, las fuerzas vivas (y las que no también) se le fueron a la yugular al polémico gobernador y, como muchas veces, tuvo que retroceder porque según él lo habían mal interpretado. Se dice también que era nada más una estrategia del briago gobernante para hacerse notar en los medios. Si es así, entonces está como aquel campesino de la antigüa Grecia (por allá hace unos 25 siglos) que se llamaba Erostato y que quería pasar a la historia a como diera lugar. Dicen las crónicas de la época que se la pasaba pensando en cómo hacerle hasta que se le ocurrió una idea más brillante que la de don Emilio: quemar el templo de Diana en Efeso.

            Pasó Erostato a la posteridad, pero ahora, cuando alguien hace algo así, se dice que hizo las cosas a lo Erostato, es decir, a lo pendejo.