Giddens sobre Kadafi… ahorá sí en español


Anthony_Giddens

El Coronel y su tercera vía

Publicado el 28 de agosto de 2006 en la Revista NewStateman de Londres

 Muammar Al-Kadafi ha rechazado el terrorismo y ha devuelto a Libia al contexto internacional. Ahora está regresando a sus tempranas ideas radicales y piensa que tienen bases en común con algunas del nuevo laborismo.

 Es más una tienda que un toldo, abierto hacia el desierto en los bordes. Adentro hay algunas sillas blancas de plástico, una mesa también de plástico  y dos butacas. Yo me senté en una de ellas a esperar al Coronel Kadafi. Para llegar allá, volé a Trípoli y luego tomé otro avión hasta la costa, seguido de una hora y media por el matorral del desierto. Kadafi se mueve mucho en los alrededores, como el grupo nómada de donde procede y, sin duda, por razones de seguridad. Esa tarde él está acampando en un pequeño oasis repleto de camellos y de palmeras de aspecto cansado. Fue solamente una espera de pocos minutos antes de que él arribara.

Vestido con una túnica marrón y oro, proyecta una figura impresionante. No hay guardias o cuidadores a la vista, y la ocasión es completamente informal. Él es instantáneamente reconocible, como lo sería para mucha gente en todo el mundo independientemente de  sus sentimientos acerca de él. En cierto modo, es un fenómeno extraordinario. Libia es un país pequeño en términos de población, con sólo 5.8 millones de personas. La relevancia global de Kadafi está totalmente fuera de proporción con el tamaño de la nación que dirige. Él tiene ahora 64 años de edad y está en el poder desde 1969. Abundan los rumores de que está en malas condiciones de salud, pero se ve robusto.

Generalmente se obtiene una media hora en una reunión de líderes políticos, pero mi conversación con Kadafi duró más de tres. Kadafi está relajado y claramente disfruta una conversaciónción intelectual. Nos sentamos juntos y de vez en cuando sorbemos de un té de menta. Tiene delante de él un pequeño cuaderno en el que de vez en cuando escribe pequeñas notas. No es una persona nerviosa, sino que tiene una manera calmada y articulada y prorrumpe en una o dos extrañas bromas a lo largo de la conversación. El único otro participante directo es un hombre que acaba de llegar de Nueva York, aparentemente para hacer la traducción.

Kadafi habla algo de Inglés, y en ocasiones durante el encuentro me hace comentarios directamente. Sin embargo, la mayor parte del tiempo conversamos a través del traductor. Kadafi está interesado en los debates y las políticas involucrados en la democracia social en Europa, lo cual es la razón por la que me ha invitado. A él le gusta el término “tercera vía”, porque su propia filosofía política, desarrollado a finales de 1960, es una versión de esta idea. Esa filosofía se ha escrito en la forma de El Libro Verde, elaborado por Kadafi y distribuido en casi todas partes de Libia.

Otros tipos de políticas verdes

El Libro Verde se basa en una teoría de la democracia directa. La democracia representativa, Argumenta Kadafi, es una inadecuada forma de gobierno, ya que significa el gobierno por una minoría y en donde la mayoría tiene poca influencia directa. El comunismo soviético, por otro lado, llevó al gobierno a una élite aún más pequeña. Su “tercera alternativa” favorece la autonomía en la que todo el mundo puede, en principio, estar involucrado. En un momento de la conversación apunta al símbolo que cubre el toldo. Se trata de una serie de círculos concéntricos, con puntos de conexión marcados entre ellos. El círculo exterior está formado por los congresos populares de base, en los que cualquiera puede participar y contribuir. Esos congresos comunican las decisiones a los grupos internos, que las transmiten finalmente al Comité General del Pueblo –que  se supone que se registran y se actúa sobre ellas, y se realizan nuevas consultas si son necesarias. En teoría, Libia se auto-gobierna sin Estado.

La teoría económica de Kadafi sostiene que cada uno debe recibir los frutos de su trabajo. En una economía capitalista, tal como lo cuenta, los trabajadores reciben sólo una parte de la riqueza que generan y el resto se lo apropia el empleador. La libertad puede construirse sólo sobre la autonomía económica individual. Las necesidades materiales de la vida –ropa, alimentación, vivienda y medios de transporte– debe ser propiedad de la familia individual. De ahí que en Libia, al menos hasta hace poco, nadie tiene permitido alquilar una propiedad.

Nuestra conversación es muy amplia y “El líder”, como es conocido universalmente en Libia, hace señala muchos puntos inteligentes y perceptivos. Continuamente vuelve a las ideas de El Libro Verde, pero deja claro que quiere adaptarlo y actualizarlo. En los últimos tres o cuatro años, Kadafi ha llegado del frío a nivel internacional. Ha renunciado a su apoyo al terrorismo y Libia ha tenido que  pagar indemnizaciones a las familias de los fallecidos en el atentado de Lockerbie. Libia ha puesto fin a su programa de armas nucleares y químicas. En conjunto con el hijo de Kadafi, Saif, un estudiante de doctorado en la London School of Economics, la Oficina del Exterior Británica jugó un importante papel en la reintegración de Libia al resto del mundo. Las sanciones de la ONU, que han afectado severamente la economía, se han levantado y Libia ha sido retirada por los Estados Unidos de la lista de estados que apoyan el terrorismo.

La conversión de Kadafi puede haber estado impulsada en parte por el deseo de escapar a las sanciones, pero tengo la fuerte sensación de que es auténtico y que hay una gran cantidad de fuerza motivadora detrás de él. Saif Kadafi es una fuerza impulsora de la rehabilitación y potencial modernización de Libia. Kadafi Padre, sin embargo, autoriza estos procesos y mantiene un fuerte control sobre el país.

Debate manejado en etapas

Durante nuestra charla, discutimos el hecho de que en gran medida ha resurgido el pensamiento en filosofía política moderna sobre la democracia participativa y discursiva. Yo dije que, al contrario de lo que él decía, un sistema democrático debe tener mecanismos de representación, elección entre partidos y un sistema regular de votación. Aunque estos mecanismos podrían complementarse con formas directas de participación de los ciudadanos, haciendo uso de tecnologías de la información, tales como los “jurados ciudadanos” y los “días de discusión” nacionales  como los ha inaugurado ya Escandinavia, donde importantes iniciativas se debaten. Mucho dependerá de la creación de una sociedad civil sana.

Discutiendo estos temas más tarde con otras personas, encontré que los modernizadores que están trabajando con Saif están tomando en serio estas ideas. Un comité se ha reunido durante los últimos dos años para elaborar una nueva constitución. Me senté en uno de sus debates y me impresionaron por la sofisticación de sus ideas. El grupo ha avanzado mucho y ha reconocido la necesidad de transformaciones  de largo alcance del sistema político, mientras buscan mantener los elementos genuinos de igualitarismo que el liderazgo de Kadafi ha sostenido.

Kadafi no poner reparos cuando señalo que su enfoque económico tiene que ser repensado. El igualitarismo es un valor socialdemócrata central, pero no puede ser construido negando los principios básicos de la acumulación de capital y la inversión. La competencia y la ganancia son las condiciones de éxito económico, no sus barreras intrínsecas. Para controlar la desigualdad, el país necesita de otras medidas, especialmente en relación con la recaudación, el bienestar y la gobernanza corporativa.

Dejo la tienda de Kadafi para hacer el viaje de regreso a Trípoli animado y alentado. Libia puede ser pequeña, pero es un país de primera línea en términos globales debido a la decisión de su líder a abrirse al mundo exterior después de años de aislamiento internacional, y debido a la supresión de sus programas de armas de destrucción masiva. El país va en la dirección opuesta a Irán y Corea del Norte y está en el interés de prácticamente todos que este proceso sea sostenido. En el camino de vuelta desde el desierto hasta Trípoli, hablo con algunos de los modernizadores que están trabajando para poner en práctica programas específicos de políticas. Estoy impresionado tanto por su sofisticación y su determinación a la reforma.

El día siguiente es más aleccionador. Doy una conferencia en la Universidad de Al-Fatah y las reacciones me dan un sentido de lo difícil que puede ser para ellos impulsar de hecho sus reformas. Mi discurso es sobre la globalización y su relación con el bienestar social. Señalo que Libia, un país pequeño con una gran riqueza petrolera, podría ser como Noruega como con una especie de modelo que anime la búsqueda del futuro. Noruega tiene un alto grado de igualdad, buenas tasas de crecimiento y un sólido sistema de bienestar, y ha usado su riqueza petrolera con sensatez en la planificación a largo plazo. Se ha adaptado de manera muy eficaz al nuevo medio ambiente global.

Cuando terminé mi conferencia, el rector, que en un principio me presentó, inició una enérgica y apasionada denuncia más o menos de todo lo que dije. Alrededor de un cuarto de diatriba, siento que debo detenerlo y volver al podio para reaccionar a su crítica. En este momento, alrededor de un tercio de la audiencia se levanta y sale del auditorio. Después de que he respondido y mostrado cuan vacío y retórico es el punto de vista de mi oponente / presidente, los que permanecieron en el auditorio hacen una variedad de sensibles y penetrantes preguntas.

Fue sólo siguiendo el acto que pude comprender lo que realmente estaba pasando. Se supone que un modernizador estuvo presidiendo la conferencia, pero antes de que yo llegara fue virtualmente arrancado del escenario y un tradicionalista de línea dura puesto allí. Los estudiantes de posgrado habían sido instruidos para que se salieran antes de que yo empezara la respuesta a mi crítico para que él dijera la última palabra (sic) sobre los temas.

En cierto modo me alegré de que hubiera sido atacado de tal manera ya que sin duda eso animó el debate y, acechando la retórica, hay algunas preguntas serias que podrían ser sacadas a la luz.

Cuando mi denunciante estaba de alguna manera en su actuación, yo estaba sentado escuchándolo y pensando en que lo que había venido a hacer –ayudar  a abrir el debate en el país sobre el desarrollo social y económico– se había recuperado completamente. Yo simplemente tenía demasiado erizadas las plumas. Sin embargo, la gente con la que hablé más tarde me dijo que él (el crítico) era parte de una minoría cada vez menor. Ellos sentían que era una cosa muy buena cómo me las había arreglado para ensartar sus argumentos con tanta eficacia, y además en un lugar público.

El cambio será difícil en Libia, como siempre en un sistema donde un hombre ha tenido el poder durante mucho tiempo. Salí convencido de que, por el momento, los modernizadores tienen ventaja sobre los tradicionalistas pero, como mi experiencia en universitaria lo muestra, los que quieren bloquear las reformas están haciendo oír su voz de una manera nada incierta.

 

Persuasión modernizadora

Libia hasta ahora ha despilfarrado su riqueza petrolera, pero ésta podría ser usada para ayudar a diversificar la economía y fomentar el espíritu emprendedor, muy visible en Libia a pesar de que esté limitado por una maraña de restricciones. También podría ser utilizado para un sistema de bienestar actualizado para proteger a los pobres y vulnerables. Libia necesita de inversión extranjera directa, y la experiencia que viene junto a ella. Estas inversiones surgirán si queda claro que las reformas social y económica son de verdad. El país tiene algunas ventajas claras sobre otros en la región. La alfabetización, por ejemplo, es superior al 80 por ciento. A las mujeres les va mejor que en la mayoría de los países musulmanes. Según el último informe de la Unidad de Inteligencia Económica, el crecimiento económico en Libia en el período 2006-2007 se espera que supere el 9 por ciento. Hay fortalezas claras para construir y es en interés de la comunidad internacional apoyar a las personas que en el país que están empujando el cambio.

Mucho dependerá de Kadafi mismo, en la medida en que él se siente a rumiar la relevancia de su pensamiento político a los tiempos actuales. Él podría jugar un papel crucial para una transición fácil si decide apoyar los modernizadores. Él de hecho parece encaminarse en este rumbo, pero debe utilizar su influencia para persuadir a los escépticos –pero quizá aún, en primer lugar, se debe convencer plenamente el mismo.