México-Francia y Florence Cassez


Florence Cassez

El asunto de Florence Cassez ha puesto en tensión las relaciones entre México y Francia a tal grado que se ha puesto en riesgo no sólo la realización de todo un año de actos culturales de altísimo nivel que Francia iba a dedicar a México (El Año de México) como lo dedica a muchos países en el mundo.

La cosa tiene sus matices por ambos lados. Francia tiene razón porque está aplicando su derecho a que un país, en este caso México, respete los procedimientos procesales que son aceptados en todo sistema de justicia moderno. México tiene razón porque un país no debería meterse en el sistema de justicia de un país extranjero y mucho menos condicionar sus relaciones diplomáticos a las resoluciones judiciales.denisse maerker

Lo cierto es que Francia, en particular el presidente Zarkozy, ha sido soberbia en su actuación. Es un despropósito querer utilizar un acto cultural para desacreditar al país invitado. No sólo es soberbia: es una atroz falta de respecto. La cosa sería más o menos así: México tendría representación en todos los actos programados (actos que han costado mucho esfuerzo y dinero) y allí Francia le diría, como dice un periodista francés, que su sistema de justicia es una mierda. Desde luego que México, en su justo derecho ha decidido no asistir a su año en aquel país. Francia quiere poner los intereses de una mujer prisionera por el delito de secuestro por encima de los intereses de dos naciones. Ese es un desatino muy grande.

Lo cierto, también, es que México tiene un tenebroso sistema de justicia que tiene en la cárcel a centenares de inocentes y en la calle a miles de culpables. El estado mexicano atiende muchas cosas: educación, salud, vivienda, infraestructura, desarrollo, petróleo, electricidad, etc., etc. Todas esas cosas las atiende pero muy mal. Pero lo que debe atender de manera prioritaria (la seguridad y la impartición de justicia) andan en la calle. Si el estado mexicano atendiera estas dos asignaturas (aunque no atendiera ninguna de las otras) el país iba a ir mucho mejor de lo que va. Pues en ese escenario, la policía federal atrapó a una banda de secuestradores y esa noche los mexicanos vimos en horario triple A cómo se armó y ejecutó el operativo. Vimos, como si fuera una película de acción, cómo la policía entraba a un rancho y atrapaba a los malosos… pero todo fue un “montaje” para que las televisoras pudieran trasmitirlo.

Estaba García Luna, el secretario de seguridad pública federal, presumiéndole a Denisse Maerker del operativo cuando entró al programa una llamada. Era Florence Cassez que dijo, sin más ni más, que ese señor era un mentiroso. Allí mismo García Luna tuvo que reconocer que se trató de un montaje, que los secuestradores sí habían sido aprehendidos, pero en distintos puntos de la ciudad de México, que a la Cassez la habían detenido en la carretera y en lugar de presentarla al ministerio público (como marca la ley) fue llevada a la casa de la filmación para que apareciera en el operativo. Ese día de la detención la francesa fue presentada a los testigos y éstos no la reconocieron. Solamente uno de ellos dijo que la reconocía, pero después se retractó. Los que al principio no la reconocieron, luego del programa de la Maerker, dijeron que siempre sí. A partir de entonces (que el secretario García Luna fue descubierto como mentiroso) el expediente de la detenida creció y creció, tanto que en una primera instancia le dieron 120 años de cárcel, sentencia que después se redujo a 60 años. Ahora, el caso tendrá que ser resuelto por la Suprema Corte de Justicia de la Nación.

¿Qué queda? Primero que nada, con un proceso judicial tan desaseado cualquier juez en una nación civilizada hubiera soltado al a prisionera. No es que sea inocente, eso no lo podemos saber nosotros, los simples mortales. Pero allí hay desarreglos que no pueden sostener un juicio. Es como el caso de Raúl Salinas que tuvo que ser liberado de los cargos (no se sabe si es inocente o no del asesinato de Ruiz Massieu)  porque se le sembró un cadáver en el jardín de su casa y se usaron en su contra testigos protegidos a los que nos se les puede creer. Aquí también, la única salida es la liberación de la detenida y su deportación a Francia. Una vez que se haga esto, México debe cancelar unilateralmente el Año de México en aquel país y practicar una política diplomática de muy bajo perfil mientras esté Sarkozy en el poder. Otra cosa que muy bien se puede hacer es procesar a los jueces por negligencia, al ministerio público encargado y correr, si no es que encarcelar al actual secretario de seguridad pública.

Como colofón a esta polémica, veamos la siguiente historia, estremecedora desde donde se le vea.

El 5 de agosto de 2008, José Ernesto Medellín fue ejecutado en la cárcel de Huntsville, Texas. Quince años atrás (el 24 de junio de 1993) había asesinado, junto con otros cuatro pandilleros, a dos niñas, Jennifer Ertman y Elizabeth Peña de 14 y 16 años, respectivamente.

La confesión del asesino es escalofriante: dijo que Jenny fue estrangulada con el cinturón de Sean O’Brien (uno de los pandilleros). Le pusieron el cinturón en el cuello y mientras Medellín jalaba para un lado otro asesino lo hacía para el lado contrario.  El cinturón se rompió (una parte fue encontrado en la escena del crimen y la otra en la casa de O’Brien). Para terminar su criminal propósito, Medellín se quitó una agujeta de su zapato y terminó de estrangular a la niña. Durante su confesión dijo (sin que le temblara la voz) que “la puta no se quería morir” y que “hubiera sido más fácil usar una pistola”. Una vez que Jenny fue estrangulada, le tocó el turno a Elizabeth que a pesar de que lloró y suplicó por su vida (incluso les dijo que les daría su número de teléfono para mantenerse en contacto), fue también estrangulada con el cordón del zapato.

Durante meses, antes de la ejecución, el gobierno de México hizo todo lo posible por salvar la vida de Medellín. Apeló a una resolución de la corte internacional de La Haya llamada el Caso Avena que ordenaba a los Estados Unidos suspender la ejecución de mexicanos que al ser condenados no se les  hubieran permitido asistencia consular.

Quitando el hecho de que Medellín no recibió la asistencia consular, todo el proceso se llevó a cabo con estricto apego a derecho. Incluso el caso fue llevado a la Corte Suprema de los Estados Unidos, pero ésta ratificó el fallo del juez de Texas… Y Medellín fue ejecutado.

¿Por qué México se escandaliza porque Francia defienda a Florence Cassez? ¿Por qué se justifica que un país defienda a una bestia como Medellín que, desde donde se le vea, merecía morir? Podemos sentir compasión por su madre y por los que lo querían, porque alguien tuvo que haberlo querido, pero de que merecía morir, lo merecía.

¿Cómo respondería México a la pregunta de por qué defender a Medellín, que confesó incluso con cinismo su crimen, y no a Florence Cassez cuyo proceso está plagado de irregularidades? Una respuesta honesta es mejor que rasgarse las vestiduras o las poses patrioteras que en nada ayudan.