Vícam: una viñeta decembrina


De Julian 9

Este 12 de diciembre Vícam amaneció festivo. Cientos de personas iban y venían en la calle principal comprando cosas, viendo o simplemente platicando en los portales de los negocios del centro, portales que antes eran la calle pero que ahora han sido incorporados a la posesión particular de esos negocios en ese proceso de apropiación de lo público que existe en Vícam. Ese ambiente se debía, en primerísimo lugar a que era Domingo y los domingos Vícam siempre es bullicioso. Se debía también a que era el día de la Virgen de Guadalupe y como se usa aquí, la gente celebra las fiestas aunque no tenga asunto en el festejo, es decir, que aun los no creyentes se van a las velaciones (siempre con música, bebida y comida) y a la quema del castillo en la Iglesia. El otro motivo que observamos (sin exagerar) es que apareció en número de Diciembre del Vícam Switch con un lindo ramillete de chamaquitas de la secundaria en la portada. Vimos cómo iban grupos de jovencitas comentado sobre las que salieron en la foto.

El pueblo lucía como siempre: terregoso y con un tráfico de ciudad pero sin las reglas de tránsito que le den orden. Los carros en doble y triple fila, los choferes que se encuentran y se paran a mitad de la calle a platicar de carro a carro y la gente atravesándose como diciendo: “Ni modo que me quiera atropellar”. Estábamos afuera de la tienda de Toma Hauk cuando vimos pasar a un grupo de hombres a caballo, caracoleando sus monturas al ritmo de la música de banda que salía del estéreo de un carro que estaba estacionado.  Allí frente a su casa, Nerón se quedó mirando el callejón de Doña Reina porque seguía bloqueado por dos carros cuyos dueños entraron a la tienda de los Ceja. La gente que vive en ese callejón, como el Chacón, por ejemplo, no pueden salir a la principal porque siempre está tapado por el enorme movimiento que hay en ese establecimiento comercial, a pesar de la queja que publicamos en el Vícam Switch. Pues allí estaba Nerón, mirando para allá, cuando pasó la patrulla de la policía municipal. Ser iban a ir de largo, pero de pronto vieron la monumental figura de nuestro reportero y, seguramente como habían leído la denuncia esa mañana, se detuvieron y le ordenaron a los dueños de los carros bloqueadores que se quitaran. Es el peso de la voz que tiene el periódico en las comunidades yaquis.

Polvo en el viento

La nube de polvo, inmutable. Un rato allí parado platicando y terminas con la garganta irritada. Para agarrar fuerzas nos metimos a la Caguamanta de Pedro y salimos de allí con el corazón contento porque traíamos la panza llena. Caminamos a la plaza y vimos una enorme manta que colgaba del puente peatonal que decía: “No al Novillo, defensa de la tierra y el agua”. Nos preguntamos quién habría pagado los gastos y dudamos que los que la pusieron hubieran gastado un cinco en esa demanda que tanto beneficia a los más ricos del yaqui.

Quisimos que unas personas que andaban conociendo Vícam vieran la versión moderna de las tiendas de raya. Nos fuimos a la casa del Cucho Cuén y a la de Goyo Bojórquez y vimos las decenas de yaquis esperando con una paciencia infinita a que los rentistas se dignaran a salir a darles algo de dinero. Hay yaquis, dice la gente, que tienen restadas sus tierras hasta el 2015 y no falta quien haya pagado por adelantado 30 años de renta (una verdadera expropiación de tierras comunales en tiempos modernos).

Principal trafico

Para apaciguar los ánimos reporteriles nos fuimos al Copiz y allí los contertulios nos recibieron hasta con honores. Nos tomamos dos cervezas, nos comimos unos tacos que (dicen que milagrosamente) puso el Dr. Rigoberto López y platicamos profusamente de la tribu, sus problemas y sus expectativas de sobrevivencia en los tiempos modernos. Esa plática no es especial, es un tópico recurrente en todo lugar donde se juntas dos o más personas. Así es Vícam.