Ha muerto José Saramago


Saramago con los Zapatistas

Saramago con los Zapatistas

 Por Alejandro Valenzuela

No sé cual sea exactamente el impacto de la muerte de José Saramago en las comunidades yaquis, pero con un lector que haya tenido se justifica que ocupemos este espacio de nuestro sitio de internet para dedicarlo al gran escritor portugués, Premio Nobel de Literatura y gran luchador por las causas de los más desprotegidos.

Las munidades yaquis, tierra de indios (aquí todos los somos, hasta los que no lo son) vive día a día todos aquellos aspectos de la vida contra los que Saramago se pronunciaba: pobreza, injusticia, desorden, enfermedades, marginación, desperdicio, adormecimiento de las voluntades…

Era bien conocida la militancia de Saramago al lado de los derechos de los indios, de los pobres y de los oprimidos en general. Estuvo en Chiapas atraído por la lucha del zapatismo cuando se pensaba que el Subcomandante Marcos (Marcos el Enmascarado de Trapo) luchaba realmente por los indios de este país y no, como después se ha visto, por la promoción de su imagen;   aquellas personas sojuzgadas por la oligarquía local; se deslindó del régimen de Fidel Castro cuando se percato del verdadero rostro de esa dictadura; se opuso, en fin, al dominio de los más ricos y poderosos sobre los más pobres y desprotegidos.

Recibiendo el Premio Nobel de Literatura

Recibiendo el Premio Nobel de Literatura

Sin embargo, quiero usar este espacio para referirme a una obra suya, estremecedora titulada Ensayo sobre la ceguera.  La novela trata de un país (una ciudad) en la que los habitantes se van quedando ciegos uno tras otro. Llega un momento en que solamente una mujer, la protagonista, mantiene la vista intacta para contarnos la miseria de la ceguera humana. A través de los ojos de la protagonista uno puede ver cómo la ceguera humana lleva a las más grandes mezquindades e inmundicias.

       Pronto el poder se diluye porque también los funcionarios y los soldados se quedan ciegos. Los afectados al principio fueron recluidos en un viejo hospital donde se desatan todas las paciones humanas, como en la vida real. Cuando ya no hay nadie que los mantenga encerrados, la señora que ve guía a los ciegos protagonistas a la ciudad y ve cómo el desastre se ha apoderado de todos los ámbitos de la vida. Viendo aquello, se sienta a llorar en un parque y llega un perro a lamerle las lágrimas.

       En la novela nadie tiene nombre: se llaman el primer ciego, la esposa del primer ciego, el médico, la chica de las gafas negras, el viejo de la venda… y el perro de las lágrimas.

       La despersonalización de los personajes no es el único rasgo distintivo de esta novela. Saramago, ya consagrado, se da el lujo de no usar los signos de interrogación, usa los puntos y las comas como le da la gana y trasgrede la regla del punto y seguido y punto y aparte.

       Si usted, estimado lector, querida lectora, se anima a leer esta novela le aseguro que, primero, una vez que empiece no podrá parar y, segundo, será con toda seguridad una de las lecturas que más conservará en la memoria. ¡Disfrútela!