El Presidente en USA: Sinsentidos


Aguila

De la reciente visita del Presidente Calderón a Washington hay que destacar dos cosas que muestran el mundo al revés que los políticos nos venden sin pestañear. Esas dos cosas son el tráfico de drogas y el tráfico de armas, dos negocios íntimamente relacionados y ambos letales por diversas vías.

La visita tuvo, hay que reconocerlo, mucho glamour, pocos resultados, algo de sentimentalismo y un par de sinsentidos.  

El glamour fueron las 24 interrupciones con aplausos de pie que políticos de allá le propinaron a Calderón. Hasta los republicanos le aplaudieron, aunque menos cuando mencionó el asunto de la reforma migratoria y nada cuado tocó los sagrados intereses  de la poderosa asociación del rifle, quizá la asociación más entrañable para el espíritu bélico de los americanos. También fue parte del glamour la recepción en la casa blanca, la cena, los discursos, los paseos de Michelle y Margarita y la zarandeada por parte de una niña latina que le reclamó a la primera dama de allá que Barak Hussein Obama (el carismático presidente de los Estados Unidos) quisiera expulsar de gringolandia a su indocumentada madre.

Las lágrimas brotaron cuando el presidente hizo entrega de la medalla del águila azteca  postmortem a Ted Kenedy. La medalla la recibió Vicky, la viuda de Kennedy, mientras el presidente le decía que Ted había sido  un verdadero amigo de México, como si los otros con los que estuvo fueran amigos, pero no verdaderos.

Lo que aquí se quiere comentar son los sinsentidos. Se supone que un país debe cuidar sus fronteras para que no entre lo que no quieran que entre (se puede cuidar que no salgan algunas cosas de interés nacional como obras históricas, e incluso personas, como sucede en Cuba, pero lo principal es evitar que las cosas entren. Esa es la función de las aduanas.

En este orden de ideas, lo que los Estados Unidos deben evitar que entre a su territorio es droga, pero prefiere que el trabajo lo haga México. México, por su parte, debe evitar que vengan las armas de asalto con la que los narcos traen a cola a la policía federal, pero prefiere que la tarea la haga el vecino país.

Uno no se explica porqué el gobierno de México anda allá pidiendo que detengan la venta de armas. A nosotros no nos debe importar si los gringos compran armas libremente. Lo que debe importar es que si no queremos esas armas aquí que en las aduanas se confisquen los cargamentos y listos. Esas armas no las pasa algún émulo de Haudini. Pasan por las fronteras. Si el gobierno quiere evitar ese tráfico, lo primero que tiene que hacer es ajustarles las tuercas a los corruptos funcionarios y agentes aduanales porque por allí pasa todo lo legal y lo ilegal. Andar allá pidiendo que alguien más ha ese trabajo no es  otra cosa que hacerse pendejo.

Lo mismo se puede decir de las drogas que van de aquí para allá. ¿Porqué México tiene que poner los muertos para evitar que los gringos se sigan drogando con tanta alegría? Y lo peor es que con el combate al tráfico de drogas lo que la usan no dejan de usarlas. Lo único que causa ese combate es que las drogas se encarezcan y que el premio al riesgo que se corre en el negocio se eleve generando enormes fortunas que los narcos no saben ni en qué gastar (ese es otro punto, porque si el gobierno se dejara de hacer el tío lolo podría taponar los canales del blanqueo de dinero porque ya se sabe que el dinero no lavado es sólo papel inservible). Lo mejor sería legalizar las drogas (producción, tráfico y consumo) o ya de plano, si los gringos quieren evitar que lleguen a sus calles, que ellos la combatan. Desde luego que lo primero que tendrían que hacer es ajustarles las tuercas a los corruptos funcionarios y agentes aduanales porque por allí pasa todo lo legal y lo ilegal.

Aquí en este medio no somos más que tristes opinadores. No somos estrategas de nada y sin embargo vemos claramente las soluciones. Primera solución: o se legalizan las drogas o que los Estados Unidos combatan su tráfico; segunda, que México impida el paso de las armas de asalto (y todas las armas, si quiere); tercera, que se legisle para impedir el lavado de dinero.  Con eso tendríamos suficiente.