Carta de Doña Quitina Montiel


Los Felix 5

Recibimos una carta de Doña Cristina (Quitina) Montiel. Ella tiene ahora 82 años. La publicamos en este espacio por el valor histórico que tiene para Vícam y la publicaremos también en el próximo número del Vícam Switch ya que mucha gente en las comunidades yaquis no tiene acceso a Internet. He aquí este importante documento.

27 febrero, 2010

Tucson, Arizona

Sr. Director del Vícam Switch y demás colaboradores, sobrinos Octavio, Fabián y Alma Montiel:

                Únicamente les escribo para hacer una aclaración sobre el artículo de Neftaly donde se refiere al inicio de la iglesia en Vícam. Es cierto que la primera capillita era una casita de carrizo, como dice Eva Mora. Mi gran amiga Olga Martínez fue la primera muchacha que se caso ahí. La segunda fui yo.

                En lo que no estoy de acuerdo con la Sra. Eva es que en 1942, cuando llegó el General Verduzco, que diga que había una sola tienda. En eso falta a la verdad porque estaban don Refugio Flores y esposa con una tienda bien surtida de abarrotes, mercería, departamento de loza de barro y además nos vendía los periódicos Novedades, Exselsior y otras revistas que llegaban de la capital.

                Estaban también los abarrotes de don Andresito González, de mi primo Man Pándura, de Beto Limón, de Beto Ochi, de Samuel Barra, de doña Antonia Ruiz, de la tía Reyna Pándura (con ropa y calzado) de Ignacio Cantú, de Carlos Salomón con ropa y mercería, de Mercedes Cuevas, de Margarita Angulo y de Celestino Angulo.

                Ninguno de estos negocios vendía “frijol muy viejo”, como dice Eva, mucho menos “huevos de mal olor”. Lo del agua del río la usábamos para lavar ropa y había ya llaves de agua que nos llegaba de la pila, la cual tomábamos filtrada por unos filtros que vendía doña Amelia de Inclán.

                Otros negocios de antes de 1942. Cuatro carnicerías, una de ellas de don Sergio Rivero, otra de Cuquita Vda. de Gaxiola; dos molinos de nixtamal, uno de Rosalino López, que también tenía su cine, y el otro de Ramón Limón; tres panaderías, la del Sr. Carvajal, la de don Pancho García y la nuestra, la familia Montiel; dos peluquerías, la de don Panchito y Pepe Quiroz y la de don Aurelio García; dos herrerías; una sastrería (la Félix de mi esposo Bernardo y su hermano Ernesto): la talabartería de don Nacho López; un estudio de fotografía de un Sr. llamado Ruperto.

                De los peligros de que habla Eva no había ninguno. Era un pueblo pacífico y tranquilo. ¡Oh, tempore! como decía mi primo Cacharo. No pasaba lo que está ocurriendo hoy en mi querido Vícam. Los ruidos que se escuchaban es ese tiempo eran las serenatas que nos daban nuestros novios, la mañanitas que dábamos en el Día de las Madres y las posadas en navidad. Y todo muy en orden y con respeto.

                La carretera se hizo cuando llego Miguel Alemán a la Presidencia en 1952. Ahora es cuando ha caído en desgracia el pueblo, pero cuando ustedes llegaron ya estaba muy poblado. Los Guachinango llegaron mucho después. Ya había correo y telégrafo.

                Los restaurantes eran de doña Blasa, que estaba pegado a su casa; de doña Elodia Vda. de Madueño, de Isidra, de doña Eugenia, de doña Loreta y de doña Virginia.

                Ya vivían allí dos italianos: Sebastián Casta, que componía relojes, y José Pitavino, que tenía ferretería muy bien surtida. Vivía también el árabe Ismael Isaías, que era comerciante. Ellos llegaron a Vícam cuando la Segunda Guerra Mundial estaba en su apogeo.

                Así que sí había más de 400 familias. A los yaquis pacíficos les encantaba nuestro pan y la carne de don Sergio, el padre de Herminia. Recuerdo a mis buenas yaquesitas Eloísa, María, Lola, por nombrar a algunas que trabajaron en nuestra casa por muchos años.

                En los asuntos de la iglesia, sería otra persona que donó el cuadro de la Virgen ya que el Ing. De la Llata hacía años que se había ido de Vícam. Las primeras que enseñaron la doctrina fueron mi prima Malagueña y Armida (Mila) mi hermana, dirigidas por las monjas que venían de Cócorit. A las monjas las recibía mi madrina de matrimonio, Meche Espríu. Así que la vida desde 1940 y desde antes la vivimos felices.

                Vivían allí las familias Michel, García, Arvayo, Encinas, Corral, Talamante, además de Chavita, Chabelita, mi prima Julieta, Gloria Molina, Lupe González, familia Pándura, Olga Ramírez, nosotros los Montiel y muchas más. La mayoría de las familias teníamos gallinas que alimentábamos con trigo y maíz. Imagínense si hubiéramos comido huevos perdidos, no estaría yo aquí, con mis 82 años, Manuel mi hermano, con sus 90, y así tanta gente que todavía vive y que pueden dar testimonio del Vícam de ese tiempo.

                Recuerdo también al Vícam de ayer y a mis buenas amigas Baudelia, Blanca, Lupe,  Margarita Mendoza y a mi querida cuñada Delia Velázquez Vda. de Montiel.

                Felicito a todos los que hacen Vícam Switch y que llega a varias partes de la república y a los Estados Unidos.

 

Atentamente

Cristina Montiel Vda. de Félix (la Quitina de Vícam).