Una calle entre muchas


Una Calle X

Vivir en Vícam tiene sus inconvenientes. Por ejemplo, para citar uno de tantos casos, la gente de otras regiones del país o viven en calles pavimentadas o, por lo menos, tienen la esperanza de que algún día se les pavimente. En los barrios pobres de las ciudades de provincia esa, el pavimento, es una eterna demanda, pero la gente se atiene a ese dicho que dice que la esperanza muere al último.

Los de Vícam, en cambio, no tenemos esa esperanza porque primero habría que lograr que los yaquis otorguen el permiso, cosa que está en chino. Tienen razón cuando dicen que el pavimento es un beneficio para los yoris, pero no para ellos. Dicen, además, que una vez que entre el pavimento entrará el predial y de allí a la expropiación de los terrenos hay un solo paso.

Sus temores son fundados, pero habría que pensar en una solución que satisfaga sus intereses, pero también los intereses de la población no yaqui que habita el territorio y que tiene, además, cariño por las costumbres y tradiciones.

La calle de la foto es difícil de identificar porque es igual a muchas otras que se convierten en lodazales intransitables cuando llueve. Quizá la reconozcan sus habitantes, pero eso no importan porque casi todas las calles, incluyendo la del centro, están en ese estado lamentable. Nosotros, el equipo de producción del Vícam Switch, nos preguntamos si no sería posible llegar a un acuerdo que nos una y que deje a salvo los intereses de todos.

El gobierno del Estado podría interceder con buenos oficios para lograr ese acuerdo. Ya no es posible que los yoris de Vícam vivan en esa situación de exclusión en que han vivido por décadas.

Una vez alcanzado ese acuerdo, cosa que habrá que ver, los habitantes de Vícam estarán, entonces sí, al nivel de los pobres de México: con la esperanza de algún día lograr algún desarrollo urbano.