Basura, maleza y enfermedades


Vicam en el monte

Las lluvias (pero también el descuido) han enmontado Vícam. A los montones de basuras, que ya son tradicionales, se le añade ahora el crecimiento de maleza. Lo que no nos explicamos es por qué la gente no se toma un rato para limpiar los entornos de sus casas. Eso bastaría para darle al pueblo otra imagen, más limpia, más pulcra y de menos de abandono.

            La razón podría ser esa proverbial costumbre mexicana que espera que todo lo haga el gobierno. Seguramente, como se trata de la calle, nadie se siente en la obligación de limpiar. Se privilegia así el paternalismo sobre la responsabilidad individual.

            La gente debería pensar en que un entorno limpio es beneficio propio, en primer lugar, y beneficio social, en segundo lugar, porque eso hablaría bien de un pueblo ordenado y cuidadoso.

            La higiene, el orden, el respeto al entorno en que se vive debería ser un impulso primario en los ciudadanos, como lo es en otras culturas.

            Desde luego que la limpieza de los entornos urbanos no ha sido siempre una realidad, pero en Europa es una práctica desde finales de la Edad Media. Fue entonces cuando se empezó a organizar la higiene colectiva de las poblaciones más importantes de Europa. Antes de esto, los residuos líquidos o sólidos eran tirados a la vía pública sin ningún tipo de contemplación y allí se quedaban. Eso era fuente de todo tipo de enfermedades que devastaban a Europa cada tantos años. Son legendarias la peste negra, la peste bubónica y muchas otras. Si usted tiene tiempo, lea en estos días dos novelas que le impactarán. Una es Frankenstein de Mary Shelley (una historia que todo mundo conoce porque ha sido llevada al cine y es parte de la cultura popular del terror en todo el mundo) y la otra es El Perfume de Patrik Suskind. El escenario urbano de la primera es la peste y la mortandad que le permitió al Dr. Frankestein obtener las partes humanas para su creación. La segunda muestra la mugre que dominaba Paris en esos siglos. Ahora esas ciudades lucen limpias y ordenadas, los ríos han vuelto a tener aguas cristalinas y sin el hedor que les era característico.

            La recolección de basura es un logro que ya se tiene en Vícam. Por fin, después de muchos años de peticiones, se logró que un camión de la basura pasara algunos días a la semana. Sin embargo, el pueblo luce lleno de basura y sus alrededores inundados de inmundicia.

            No esperemos a que un día ese “caldo de cultivo” que es la basura engendré una bacteria que cause una tragedia. Si Europa vivía aterrorizada por las epidemias, nosotros deberíamos pensar que el abandono del gobierno, pero sobre todo el abandono de nosotros mismos, podría ocasionar una pandemia de alcances insospechados.