Los efectos del huracán Jimena


H Jimena 1

México es un país de tragedias recurrentes. Cada año, por estas fechas, uno puede ver los efectos causados por la época de huracanes y las imágenes que muestra la televisión muy bien pueden ser sacadas de los archivos porque siempre es lo mismo: inundaciones, destrozos, muertos, albergues atestados, el Plan DNIII…

El más reciente huracán que afectó al sur de Sonora, el Jimena, causó los mismos destrozos que el Henriette, que el Julieta y que todos los anteriores.

Que esos meteoros destroce las precarias casas de la gente pobre, vaya y pase. La gente pobre no tiene dinero para construir casas fuertes, que aguanten los embates de la naturaleza. Lo que sorprende es que las obras públicas, de muy reciente construcción, sean también derribadas como si estuvieran hechas de plastilina.

El huracán Julieta derribó once puentes entre Vícam y Hermosillo, y no tumbó más porque sólo eran once. El gobierno federal, que recibe muchos millones de pesos todos los días por el cobro de peajes en caminos que deberían pagar para que sean transitados, reconstruyó los destrozos sólo para que este nuevo huracán encontrara algo que destruir.

Como se puede ver en las imágenes, esas obras, dizque de ingeniería, están hechas con materiales tan pobres que se derribaron como terrones de azúcar. Un equipo de este informativo (que por cierto vive sin dinero y recibe más elogios que todos los insultos recibidos por los caminos y puentes federales juntos) recorrió la zona del desastre y verificó que el vendaval estuvo fuerte, pero también que la carpeta asfáltica no pasa de los cinco centímetros (un poco arenosos y quebradizos), que los puentes estaban hechos con mucho ahorro de recursos y que la carretera carece de protecciones apropiadas.

Una nota curiosa es que el único puente que se mantuvo incólume fue el llamado “puente de oquis”, esa obra producto del surrealismo administrativo gubernamental, construido en el sentido de sur a norte, antes de la entrada al libramiento de Guaymas. Se le llama Puente de Oquis porque por ahí no hay ningún arroyo; incluso se tuvo que construir un peligroso montículo sobre la carretera que hace que los conductores se desorienten al salir de él.

La vox populi, ese conjunto de dichos populares que carece de pruebas pero que tiene plena certeza de la veracidad de sus dichos, afirma que los constructores de la carretera reciben un presupuesto equivalente al que reciben las mejores carreteras del mundo y construyen,  en contubernio con el gobierno, las peores que hay en el mundo (y que están en Sonora).

Los datos son contundentes: la carrera 40 que va de Texas a California tiene 45centímetros de espesor. Las carreteras en Europa tienen en promedio 25 centímetros. En México el promedio del grosor es de 10 centímetros. En Sonora ese promedio es de sólo 5 centímetros, tal y como fue verificado por nosotros.

La gente se pregunta si no habrá presupuesto para hacer obras mejores y los más mal pensados se preguntan si acaso no se lo estarán robando. ¿Usted de cuales es?